Sandro Bossio
El premio Nobel, y no sólo el de Literatura, sino el de las demás artes y ciencias, pocas veces ha sido el más justo. Si contáramos las veces que la Academia Sueca ha premiado a personajes de lo más extravagantes (entre ellos a Winston Churchill, belicista consumado, o a Luigi Pirandello, fascista declarado), o le ha negado el premio a artistas de altísima calidad (como a Jorge Luis Borges, por respaldar a Pinochet, o a León Tolstoi, por considerarlo poco conservador), quedaríamos exhaustos.
En ese mismo campo, se dice que varios peruanos merecedores del premio han quedado rezagados ante las decisiones políticas de la Academia. Se comenta entre los corrillos literarios que Mario Vargas Llosa estuvo dos veces a punto de ganar el premio, que Alfredo Bryce Echenique fue durante algún tiempo candidato de fuerza, que Manuel Scorza fue nominado en varias oportunidades, pero eso, definitivamente, se pierde en los laberintos de la especulación, puesto que los estatutos del premio ordenan categóricamente que los expedientes de los nominados sean guardados bajo llave durante cincuenta años (es decir, si a Manuel Scorza lo nominaron a partir de 1980, sólo sabremos en qué condiciones y en qué puesto quedó a partir del año 2030).
Por otro lado, la Academia Sueca es sumamente elitista al momento de elegir a los nominados: solicita a instituciones y personalidades del mundo (unas setecientas aproximadamente) que propongan a sus candidatos. Ellos son evaluados por una comisión especial hasta reducirlos a doscientos y éstos, a su vez, son filtrados a otro comité donde se reducen a diez. Los finalistas (de quienes nuestros nietos se enterarán en cincuenta años) son estudiados por una delegación final de dieciocho académicos, quienes proclaman al ganador. Por ello, suena risible que algunas organizaciones quieran impulsar al ganador con recolección de firmas, planillones en Internet, o cartas de adhesión (en 1989 Alan García envió una sobonísima carta a la Academia Sueca apuntalando la candidatura de Mario Vargas Llosa, gran ingenuidad). El poeta Marco Martos tiene razón cuando dice que si alguien pretende ser nominado al Nobel, lo primero que debe hacer es preocuparse porque traduzcan su obra al sueco. Esa sí es una excelente recomendación.
¿Pero, en el ámbito de la veracidad, cuántos otros peruanos han sido nominados al Premio Nobel? Eso no puede saberse a ciencia cierta. Lo único cierto y oficial, hasta ahora, es que los peruanos designados como candidatos fueron cuatro: dos para el premio Nobel de la Paz y otros dos para el de Literatura.
En el campo de la Paz, increíblemente, cuenta la candidatura de Augusto B. Leguía, en 1930, al lado del presidente chileno Ibáñez del Campo por trabajar juntos en beneficio del Protocolo de Tacna y Arica. Ninguno lo ganó, por suerte, y se los arrebató Nathan Söderblom, un pastor luterano de la propia Suecia.
En esa misma década hubo otro peruano nominado al Nobel de la Paz: Mariano Hilario Cornejo, diplomático positivista y spenceriano, funcionario de la Sociedad de Naciones y de la Corte Internacional de La Haya, y distinguido entre las cancillerías europeas. Fue nominado en varias ocasiones con el apoyo del la presidencia del Parlamento noruego.
En los espinosos terrenos de la Literatura, en cambio, Perú lleva probablemente un verdadero récord: dos peruanos, y hermanos carnales además, nominados el mismo año. Se trata de los hermanos Ventura y Francisco García Calderón, designados por separado en 1934. A Ventura García Calderón lo conocemos por su famoso libro de cuentos "La venganza del cóndor", elogiado por los círculos académicos europeos más importantes y traducido en su época a diez idiomas; pero conocemos poco al diplomático y ensayista Francisco García Calderón. En realidad se trata de un filósofo arielista, conservador y rivagüeriano, autor de "El Perú contemporáneo", quien probablemente terminó sus días en un manicomio. Es natural que los círculos literarios de la época se revolotearan con las candidaturas, manifestando que era poco serio que la Academia nominara al famoso (y ahora desprestigiado) premio a unos "peruanos" que nunca vivieron en el país y que casi toda su obra fue escrita en francés y no en español.

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