La británica Judi Dench es una de las grandes actrices que todavía nos acompañan. A los 79 años, lleva más de cinco décadas de trayectoria profesional y su trabajo en el teatro, el cine y la televisión es ampliamente reconocido. En los últimos 15 años ha sido nominada al Óscar en siete oportunidades (cinco como actriz principal y dos como secundaria), recibiendo la dorada estatuilla únicamente por su breve y contundente rol de la reina Elizabeth en Shakespeare apasionado (1998).
Su séptima postulación al máximo premio de la Academia de Hollywood, por el interesante drama Philomena, del experimentado cineasta británico Stephen Frears, es tan merecida porque su actuación es sobresaliente. La historia está basada en hechos reales recogidos en un libro de Martin Sixsmith y la adaptación a guión ha sido obra de Jeff Pope y el actor y coproductor Steve Coogan.
En Londres, una anciana llamada Philomena Lee (Dench) recuerda con nostalgia el cumpleaños 50 del hijo varón que le fue arrebatado -para ser entregado en adopción- cuando era una adolescente y estaba interna en un convento irlandés. Nunca más vio a su primogénito, a pesar de sus vanos intentos por encontrarlo.
Después de tanto tiempo y sin haber perdido las esperanzas, Philomena -apoyada por su hija Jane (Anna Maxwell Martin)- recurrirá a la ayuda de un periodista político en crisis, Martin Sixsmith (Steve Coogan), para tratar de hallar al extraviado, a cambio de la publicación de un reportaje exclusivo sobre el tema. Las pesquisas conducirán a la señora y el hombre de prensa a Irlanda del Norte y luego a Estados Unidos, donde ese añorado vástago podría haber sido adoptado.
DRAMA QUE CONMUEVE. El reputado Frears, con varias cintas memorables en su filmografía -The Hit (1984), My Beautiful Laundrette (1985), Relaciones peligrosas (1988), The Grifters" (1990)-, ofrece aquí una puesta en escena limpia, franca, directa, en la que controla con la habilidad que lo caracteriza todas las aristas de un melodrama que jamás se desborda, aunque sí conmueve.
Gran parte de la narración está dedicada al viaje que llevan a cabo Philomena y Martin en su búsqueda de las pistas más claras e irrefutables que los conduzcan a la meta trazada. Desarrollo marcado también por los recuerdos tristes y duros de la protagonista bajo el amparo de severas monjas irlandesas y por imágenes de películas caseras del hijo ausente que serán expuestas con mayor amplitud en el tramo final de la cinta.
El periplo expone, igualmente, una suerte de descubrimiento para Philomena de un mundo desconocido y establece una justa, bien eleborada química entre ella y su acompañante. Frears dosifica las emociones, agrega una pizca de humor y las diversas situaciones fluyen de manera natural. Se permite, incluso, generar un cierto misterio, una leve tensión a medida que las revelaciones que nos interesan van apareciendo.
Judi Dench, al igual que Cate Blanchett en la estupenda Jasmine, se apodera de la pantalla con una interpretación llena de sentimiento y calidez. La escena en que Philomena logra confrontarse brevemente con la anciana monja que tuvo mucho que ver en la separación de su primogénito grafica la tremenda humanidad de su personaje.

CALIFICACIÓN: BUENA


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