La presencia en el gobierno de un personaje como Aníbal Torres no solo es nefasta por su obsesión por dividir a los peruanos a base de ideas absurdas como las de “ricos y pobres”, “blancos y mestizos” o “limeños y provincianos”, sino también por los pobrísimos resultados que muestra su gestión como presidente del Consejo de Ministros de un país casi arrasado por la pandemia del COVID-19, donde hay muchísimo que hacer.

En primer lugar, la labor del señor Torres es un desastre si tenemos en cuenta que a estas alturas del año la ejecución presupuestal del gobierno central apenas llega a 65 por ciento. La salud está por los suelos al igual que la educación pública y la seguridad ciudadana, pero acá la plata no se gasta simplemente porque la administración pública está plagada de incompetentes, buenos para nada y sinvergüenzas que están viendo de dónde se llevan algo.

Con toda seguridad tiene mucho que ver con esto el hecho de tener a ministros dedicados a ser escuderos y voceros de este régimen inepto y corrupto, antes que centrados en trabajar por los ciudadanos. Lo mismo sucede con el propio premier Torres, que parece que su única función es dar gritos desaforados cargados de odios, taras y complejos antes que conducir el gabinete. Su último disparate fue atacar absurdamente a los niños de dos distritos de Lima.

Pero la gestión de Torres al frente de la PCM también es un fracaso si vemos la alta rotación de ministros que muestra, debido a los antecedentes y hasta prontuarios de varios de estos personajes que según la Constitución, son nombrados a propuesta del jefe del gabinete. Hemos tenido hasta acusados de asesinato y exreclusos, aparte de agresores de mujeres. Hace poco a uno tuvieron que botarlo por usar a sus empleados para depositar plata sucia en un banco.

La prolongada presencia de Torres al frente de la PCM no hace más que confirmar que al presidente Castillo más le interesa tener en el cargo a un incondicional escudero que con sus ministros le cuide las espaldas en medio de todos los líos judiciales en los que anda metido, antes que un político concertador y un buen gestor que trabaje por el ciudadano de a pie agobiado por duros problemas agravados por la brutal pandemia que aún no se va.

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