@Pontifex
@Pontifex

Los cristianos -dice la Carta a Diogneto- "no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres...[...] no tienen ciudades propias, ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto [...] Viven en ciudades griegas y bárbaras, siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble. Habitan en su propia patria, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña es patria para ellos, pero están en toda patria como en tierra extraña. Se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben. Tienen la mesa en común, pero no el lecho. Viven en la carne, pero no según la carne. Viven en la tierra, pero su ciudadanía está en el Cielo. Obedecen las leyes establecidas, y con su modo de vivir superan estas leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los condena sin conocerlos. Se les da muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos; carecen de todo, y abundan en todo. Sufren la deshonra, y ello les sirve de gloria; sufren detrimento en su fama, y ello atestigua su justicia. Son maldecidos, y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio, devuelven honor. Hacen el bien, y son castigados como malhechores; y, al ser castigados a muerte, se alegran como si se les diera la vida [...] Para decirlo en pocas palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo".

Dos mil años después, los cristianos continúan siendo la sal de la tierra, el alma del cuerpo, y su destino, a lo largo de los siglos, es el mismo, no ha cambiado un ápice: tienen que encenderlo todo, iluminarlo todo, transformando los instrumentos humanos (también la tecnología) hasta elevar las realidades de nuestro tiempo a un plano distinto, trascendente, superior. Hoy, ante el retorno del neopaganismo que desata su furia contra los portadores de la verdad, hemos de recordar lo que Benedicto XVI dijo hace unos meses: "los cristianos no viven en un planeta lejano". Sí, aquí están, en el tercer milenio, y es en este mundo donde urge ejercer la plenitud de la ciudadanía, en todos los ámbitos: la política, el periodismo, la academia y el largo etcétera de aquello que juntos, con audacia y valor, tenemos que regenerar.

Por eso, hace unos años, el gran Juan Pablo II llevó el Evangelio a internet, lanzando la web del Vaticano (www.vatican.va) y hoy, Benedicto XVI abre una cuenta en twitter (@pontifex) para recordarle a la Iglesia peregrina, en este año de la fe, la plena actualidad de las bellas palabras de San Pablo: "Todas las cosas son vuestras; ya sea el mundo, la vida o la muerte; ya sea lo presente o lo futuro. Todas las cosas son vuestras; vosotros sois de Cristo y Cristo de Dios". Sí, San Pablo y B16 tienen razón. Todas las cosas son nuestras. También twitter e internet.