¿Qué puede explicar que Chile copie y se apropie sistemáticamente de todo lo que es del Perú? Hay una única respuesta: complejo cultural histórico y expansionismo de la cultura de la usurpación. Ambas razones están entrelazadas y coexisten a morir. Cuando la historia de un pueblo objetivamente es más trascendente que la de otro, y más aún si es vecino, este la añora perdidamente. Lo voy a desarrollar brevemente. 

La sociedad precolombina altamente civilizada tuvo su génesis en el Cusco y el encuentro de dos mundos, esto es, el Viejo Continente con la América de los siglos XV y XVI, se dio por España en Lima. Destino o suerte, esa es la realidad, y nada lo cambiará. Para atenuarlo, Chile reconoce su realidad, y lejos de quedarse allí, busca febrilmente construir su historia y su cultura a partir de las grandezas peruanas. Sabe que lo que hace no es verdad, pero no le interesa porque se preocupa en construir un imaginario colectivo histórico que solvente el ego de la grandeza que -otra vez- objetivamente jamás tuvo. Esta actitud se traduce en la referida usurpación inmisericorde. 

El Tumi solo fue posible entre los chimús, que fueron eximios artistas de la metalurgia en el norte peruano, pero igual Chile, sin inmutarse, le funde su nombre como sello. El lomo saltado, que podría salirle mejor a los argentinos o a los paraguayos, que consumen harta carne, produce éxtasis cuando es preparado por un peruano; Chile lo sabe de memoria y tampoco le importa, por eso lo presenta como uno de sus platos de bandera. A la chirimoya que crece mágicamente en nuestros valles la llaman chilimoya, el suspiro de limeña escandalosamente lo han patentado y hasta un tribunal chileno lo ha confirmado.

Ni hablar del pisco, que en 1936 inventaron una ciudad para justificar un origen inexistente. La cultura del engaño es cuestión de Estado. El expresidente Piñera, sabiendo que la Corte Internacional de Justicia dijo que el límite marítimo peruano-chileno se iniciaba en la intersección entre la proyección del paralelo que pasa por el Hito N° 1 y la bajamar, en la orilla del mar, salió instantes después de leído el fallo a decir que dicho límite se iniciaba en el referido hito, cuando todos sabemos que los límites marítimos siempre comienzan en la orilla del mar. Chile no cambiará. Eso no es lo relevante ni grave. Lo es nuestra inacción histórica.