Opinión

¿Presidente, preso o prófugo?

COLUMNA: Macarena COSTA CHECA

16 de Abril del 2019 - 07:00 Macarena Costa Checa

La corrupción es enemiga del crecimiento. Cuando hablamos de la corrupción entre el Estado y entidades privadas, nos referimos a una persona o a un pequeño grupo que se beneficia exponencialmente en detrimento de miles de otras personas. En este siglo, todos los presidentes que hemos elegido en nuestro país se encuentran presos, bajo investigación o prófugos de la justicia. ¿Somos nosotros los que elegimos mal? ¿O es el poder el que los termina corrompiendo?

Esto es debatible. Lo que sí sabemos es que hay ciertas medidas que podemos tomar para direccionarnos hacia el camino correcto. Entre ellas: un Estado más pequeño, pero sustancialmente más fuerte y eficiente. Mientras más se explaya el Estado, más oportunidades le damos a la corrupción, sobre todo siendo un gigante abstracto lleno de laberintos y reglas obsoletas.

Asimismo, recordemos que no es solo el trabajo de Vizcarra tumbarse a los corruptos. Es el tuyo y el mío. Es nuestro deber exigir transparencia de nuestras autoridades. Y para exigir transparencia tenemos que también practicarla. No podemos andar criticando que PPK nos esconde algo y luego coimear a un policía cuando nos estacionamos mal. Si eres de esas personas, entonces tú encarnas y esparces el problema.

Finalmente, vivimos en una democracia, donde se debe mantener la presunción de inocencia hasta que se pruebe lo contrario. Si alguien ha aceptado un soborno, debe atenerse a las consecuencias. Pero castigar a alguien antes de tiempo no nos hace más justos.

Se acerca el Bicentenario y seguimos nadando en el mismo fango. Pero quisiera darle crédito a lo que también hemos logrado en los últimos 30 años: sobrellevar la hiperinflación, derrotar al terrorismo y reducir el nivel de pobreza de millones de peruanos. Llegaremos al Bicentenario celebrando el periodo de mando democrático más largo en nuestra historia republicana. Mi esperanza es que en los siguientes 30 años podamos trabajar para que nuestros hijos no tengan que preocuparse por nadar en aguas turbias.

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