Ningún candidato presidencial que ofrezca indultar a tal o cual exmandatario preso puede ser tomado en serio por los electores, pues es el Poder Judicial el que se encarga de evaluar las acusaciones del Ministerio Público y dar su veredicto final, tal como ha sucedido con los cuatro personajes que hoy tenemos recluidos en el penal Barbadillo, los cuales cuentan con sentencias el menos en primera instancia, en espera del veredicto final de la Corte Suprema de Justicia.

Es verdad que la Constitución permite al jefe de Estado indultar a cualquier recluso a sola firma, pero ese no es el tema cuando hablamos de exmandatarios que en su momento han recibido el respaldo y la confianza de los ciudadanos, para luego defraudarla de la peor manera. Los reclusos Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Martín Vizcarra y Pedro Castillo deben cumplir sus condenas en el penal donde están, salvo que su salud realmente impida que esto sea viable.

Eso por principio. Sin embargo, más allá de cualquier amago de indulto a algún expresidente caído en desgracia, resulta mucho más grave pretender soltar a Castillo, quien tiene una condena por su grave intento de violentar el orden constitucional, nada menos que por darle una patada a la democracia que es la que este 28 de julio permitirá llegar a Palacio de Gobierno a alguno de los 36 candidatos en carrera, incluyendo a los que quieren devolver a la calle al enemigo número uno de la legalidad.

Proponer un indulto a Castillo es ofensivo y habla muy mal de quien lo considera viable. El respeto a la Carta Magna, al estado de derecho, a la separación de poderes y a la legalidad es vital en quien pretende llegar a la Presidencia de la República, salvo que crea que todo lo mencionado no son más que “pelotudeces democráticas”, esas de las que nos hablaba Guillermo Bermejo (a) “camarada Che”, elegido por Perú Libre y hoy preso por afiliación al terrorismo.

Los asuntos penales deben quedar en manos de jueces y fiscales, salvo en casos extremos, y no de políticos oportunistas y ávidos por captar los votos de quienes aún simpatizan con personajes que tienen que pagar una gran deuda con los peruanos. Los ladrones y golpistas tienen que cumplir sus condenas como todos los que han delinquido. Además, los expresidentes no se pueden quejar de las condiciones de sus encierros, pues como se ha visto ayer en El Comercio, comodidades no les faltan, en comparación a otros reclusos.