Opinión

Que en paz descansen

​Fui a visitar un templo de Buda. Observé con respeto lo que hacían los chinos mientras realizaban su culto. Cuando salimos, le pregunté al chino que me acompañaba si lo que hacían respondía a alguna explicación razonable, por ejemplo, aquello de lanzar unas maderas para observar de qué manera caían, como si fueran dados.

01 de Noviembre del 2016 - 06:52 Rolando Rodrich

Fui a visitar un templo de Buda. Observé con respeto lo que hacían los chinos mientras realizaban su culto. Cuando salimos, le pregunté al chino que me acompañaba si lo que hacían respondía a alguna explicación razonable, por ejemplo, aquello de lanzar unas maderas para observar de qué manera caían, como si fueran dados. Y según eso extraer unos papelitos de unos casilleros, en una especie de bingo. “Son nuestras costumbres y creencias”, me respondió, seguido de una pregunta: “¿Y eso que hacen ustedes cuando entran a sus iglesias?”, dijo gesticulando la señal de la cruz de los cristianos. “Es lo mismo”, insistió. Allí quedó zanjado el asunto. Adonde fueres, haz lo que vieres. Que si las cenizas se guardan o se lanzan al mar, qué más da, si la materia no desaparece, solo se transforma. Las ganas de jorobar, como si no tuviéramos otra cosa más importante que hacer. Dejen que la gente haga lo que le dé la gana, según sus costumbres, que muy pocas cosas hay realmente peligrosas -y previstas por la ley-, como esa de los testigos de Jehová que prefieren que se les muera el hijo en vez de permitir una transfusión de sangre. Ahora, por velaciones, Todos los Santos o Día de los Muertos, podríamos llenar una enciclopedia enumerando una rica variedad de ritos y costumbres que acompañan la celebración. Desde pasar la noche junto a las tumbas, comer y beber, cantar, etc. Si a usted le preocupa lo insalubre del ambiente de un cementerio, no vaya ni lo haga, tampoco acuda entonces a un hospital o clínica, que solo en el aire reúnen la más completa colección de bichos peligrosos. Si viera usted en la India a la gente lavando ropa o bañándose en las mismas aguas por donde flotan los cuerpos a medio quemar con aves de rapiña disputándose los difuntos. Lo mejor que podemos hacer ya está dicho: que en paz descansen y de Dios gocen.