La tristeza es un sentimiento (una de las muchas emociones humanas norma-
les, o estado de ánimos que tenemos todos). Es la emoción que sentimos cuando hemos perdido algo importante, cuando nos ha decepcionado algo o cuando ha ocurrido una desgracia que nos afecta a nosotros o a otra persona.
¿Cuándo se convierte la tristeza en un problema?
Cuando la tristeza dura mucho tiempo, es demasiado intensa e impide que una persona disfrute de las cosas buenas de la vida, se denomina depresión.
Reconozcamos algunos de estos síntomas de la depresión:
- Sensación de vacío e incapacidad para ilusionarse con nada.
- Sensación de desamparo y desesperación (ausencia de esperanzas).
- Sentimiento de culpa, de desvaloración.
- Sensación de estar solo en el mundo y que nadie te quiere.
- Estar irritable y enfadarse fácilmente (cualquier cosa te saca de quicio).
- Incapacidad para disfrutar de las cosas.
- Problemas de concentración (colegio, trabajo, etc.), llegando al punto de no acordarse de qué trataba lo que se ha leído y visto.
- Falta de energía y sensación de estar siempre cansado.
- Dormir demasiado o dormir poco.
- No comer suficiente y perder peso, o comer demasiado y ganar peso.
- Pensar en la muerte o el suicidio.
- Pasar menos tiempo con los amigos y más tiempo solo.
- Llorar mucho a veces sin motivo aparente.
- Estar inquieto (dificultad para relajarse o estarse quieto).
- Tener molestias corporales, como frecuentes dolores de estomago, dolor de cabeza u opresión de pecho.
La tristeza de la mano con la depresión
Cuanto más se intensifica este estado, más cerca estaremos de la depresión. En el lenguaje común se identifica frecuentemente el término tristeza con el de depresión, pero no son, ni mucho menos, la misma cosa. La depresión es un trastorno grave (o muy grave), del estado de ánimo al inconsciente cuyo principal componente es la tristeza en su grado más feroz.
El conocimiento de la patología de la depresión no es óbice para su frecuente aparición. A pesar de que los médicos sólo identifican un veinticinco por ciento de los casos y que muchos otros aparecen como depresión enmascarada, bastantes personas padecen esta alteración a lo largo de su vida. Y la explicación es clara: los sucesos desencadenantes son a veces tan crueles que el organismo se ve incapaz de integrarlos sin naufragar por completo. Se cae entonces en una depresión de la que resulta muy difícil escapar.
El proceso psicológico que se pone en marcha para superar la situación de pérdida se denomina duelo. Es el largo y tortuoso camino que va desde el encontronazo con el desencadenante, hasta la negación del mismo: desde "la negación" (con Dios, con los médicos o con quien corresponda), hasta la definitiva aceptación de lo sucedido.
Algunas personas que han pasado por un duro trance dejan ver en sus relatos eso que los expertos en emociones consideran la fusión de la tristeza. "Perder a un hijo te hace buscar un sentido a la existencia. No debes dejar que el hijo desaparecido se convierta en el verdugo de tu vida; al contrario, debes hacerlo tu maestro, aunque sea difícil". De acuerdo con este padre, el psicólogo Cunnigham afirma que la tristeza fomenta el autoexamen constructivo y la valoración de otros aspectos de la vida. Asimismo la tristeza es capaz de llamar la atención y obtener el apoyo de otras personas. Pero aunque los sentimientos valgan para hacernos "humanos" ante los demás, hay que reconocer que algunos pasan una factura demasiado alta.

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