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Actualmente, anteponer al nombre de alguien el término "don" es un indicador de respeto a la edad, experiencia, logros, sabiduría o conducta de una dicha persona.
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española nos indica que el término "don" es un "tratamiento" y proviene del latín "Dóminus" que significa propietario o señor. Por eso, en tiempos de la colonia, la manera correcta de tratar a una persona distinguida era anteponer el "don" a su nombre de pila y usar el término "señor" para mencionar directamente su apellido. Así, por ejemplo, al ilustre Domingo Alamas, se le diría Don Domingo o Señor Alamas. Haberle dicho Señor Domingo o Don Alamas, habría significado un claro deseo de denigrarlo o divulgar su origen "defectuoso". Un recién llegado a la ciudad debía estar atento al uso que otros miembros de la élite local hacían del término pues, a decir de la historiadora norteamericana Ann Twinam, "un simple saludo indicaba el rango de un individuo dentro de la jerarquía social".
Usar el tratamiento "don" en España y sus colonias americanas era común. Sin embargo, en las colonias no siempre el término era preciso. Merecedores de ese honor eran los blancos (peninsulares o criollos) acaudalados o no, pero hijos legítimos de esa manera reconocidos.
En las colonias algunas veces la ilegitimidad de un blanco era pasada por alto; bastaba haber sido elegido mayordomo de la fiesta religiosa más importante de la ciudad o haber desempeñado algún cargo público, amparándose así en su servicio cívico para pedir reconocimiento. (Continuará)