REC 4: La fórmula del horror
REC 4: La fórmula del horror

El cineasta español Jaume Balagueró tiene una gran predilección por el suspenso y el misterio, pero su mayor debilidad es el horror con su buena dosis de 'gore'. El exito de "REC" (2007) y "REC 2" (2009), logradas piezas de terror sanguinolento codirigidas con Paco Plaza, se vio mermado por el esperpéntico humor de la tercera entrega, realizada en 2012 por Plaza en solitario.

"REC 4", perpetrada únicamente por Balagueró, vuelve a las fuentes e intenta culminar lo desarrollado en las dos primeras partes. El demoníaco virus diseminado en el edificio ha sido aparentemente controlado y las potenciales víctimas sobrevivientes, entre ellas la reportera televisiva Angela Vidal (la entrañable Manuela Velasco), se encuentran cumpliendo una extraña cuarentena en un navío en altamar, alejados de toda civilización.

El barco se encuentra vigilado por un grupo de comandos militares bien armados y algo misterioso se oculta en las bodegas, al mismo tiempo que un reducido equipo de científicos ha montado allí un laboratorio experimental en el que está tratando de hallar un antídoto para el mortal virus que transforma a los humanos en bestias fuera de control.

Esta cuarta entrega es como un repaso de las anteriores. Se empecina en fórmulas ya conocidas (lucha por la supervivencia, persecuciones por lugares poco accesibles, golpes de efecto contundentes, harta violencia física), pero posee el suficiente nervio -y hemoglobina- para satisfacer a los fans de la serie y a quienes gustan de los sobresaltos.

EL VIRUS SE ESPARCE. Lo mejor se halla, sin duda, en la mitad inicial, en que los protagonistas van descubriendo de a pocos la terrible situación límite en que se ubican, mientras los científicos hacen su trabajo como mejor pueden, bajo estrictas medidas de seguridad. Hasta que ocurre algo imprevisto y el horror se apodera de la nave. El virus se esparce y pone en jaque a las vidas de todos abordo.

Balagueró tiene la capacidad y la habilidad para manejar la tensión y el suspenso a su antojo. La unidad de espacio que le permiten las diversas instalaciones del navío -que a su vez convierten el lugar en una prisión de la que resulta casi imposible escapar- le sirve bastante bien para conseguir convincentes escenas de auténtico delirio. Por ejemplo, la espeluznante transformación del cocinero filipino que, incluso, no reacciona al antídoto.

En el último tramo, sin embargo, la fluidez del relato tiende a estancarse debido a un previsible giro, recurrente en esta clase de cintas, que lo vuelve un tanto mecánico, aunque no empaña al conjunto. La intención del cineasta es redondear la aventura de terror y concluir la historia original, pero el resultado final no apunta en ese sentido. El mal nunca muere, así que es casi seguro que habrá "REC" para rato.

CALIFICATIVO: INTERESANTE