Esta semana dos legisladores del Congreso de EEUU volvieron a levantar el tema de la revisión de los Tratados de Libre Comercio (TLC). Instaron al candidato demócrata a la Presidencia, Barack Obama, a realizar dicha revisión si es que gana las elecciones. ¿Afecta esta posibilidad al Perú? Considero que no.

Nuestro TLC con EEUU ha sido aprobado en su Congreso con la más alta votación demócrata que se haya registrado para un TLC en nuestro continente. Nuestro TLC ha marcado un importante hito convirtiéndose en el primer tratado de tercera generación, y el primero también en incluir importantes provisiones en los temas laboral y ambiental, los cuales fueron negociados en la enmienda al texto original y que elevan los compromisos de cumplimiento de los derechos de los trabajadores y del cuidado del ambiente y la preservación de las especies.

Tanto Obama como Hillary, durante la dura campaña por la nominación demócrata que ya terminó con el triunfo del primero, han endosado nuestro TLC y alabado los capítulos mencionados. Primera razón para estar tranquilos, el TLC de Perú no está en la mira de los "revisionistas".

En segundo lugar, los tratados no pueden ser modificados unilateralmente, sino sólo por acuerdo de las partes. Siempre es posible que una parte plantee la revisión de un tratado, pero esta tiene que ser aceptada por la otra parte. Nadie negociaría ni mucho menos firmaría un TLC si una de las partes pudiera modificar a su antojo su contenido.

La negociación de la enmienda a nuestro texto original fue por acuerdo de partes, y en la parte laboral, caballito de batalla electoral de los demócratas que hacen ver con engaños a los TLC como los causantes de todos sus males, se dijo en ese momento que por culpa del TLC se perderían decenas de miles de puestos de trabajo en EEUU. Es falso. El ATPDEA ya había otorgado exoneración de aranceles a nuestros productos de exportación, por lo cual el TLC no podía significar la pérdida de un solo puesto de trabajo. Y en cuanto a tercerización, tema de tanta actualidad en nuestro medio estos días, los demócratas pretendían que elimináramos esa forma de contratación laboral. Después de preguntarle al congresista Rangel si sus asesores estaban en la planilla del Congreso o estaban por tercerización, se dio cuenta de la insensatez de esa exigencia. Estaban por tercerización. Nuestro Congreso aprobó aquello que Rangel reconoció que no era sensato ni lógico, que entorpecería el desarrollo de la actividad empresarial, sobre todo de las PYME y que excedía las exigencias de la OIT. Serán las pequeñas, medianas y microempresas las que paguen los platos rotos de la mayor rigidez laboral, y nos hará menos competitivos. ¿Acaso es eso lo que buscamos?