Durante los últimos 10 años la inversión privada ha sido el motor del crecimiento económico, creando más de tres millones de puestos de trabajo y aportando cuantiosos impuestos que son los que permiten la existencia del Estado y el cumplimiento de sus fines. Esto ha sido posible por la construcción de un marco propicio para la inversión y por la vigencia de condiciones atractivas para la reinversión. No es por ello extraño que Humala haya pedido a sus ministros que ningún proyecto de inversión se paralice mientras siga trabajándose el reglamento de la ley de Consulta Previa. Y tiene razón, ya que sin el sector privado que es el 80% de la inversión, este país terminaría en el barranco.

De aquí la importancia de mantener el rumbo y hacer oídos sordos a los que plantean el regreso a la rigidez laboral. Según la CGTP y otros marxistas reaccionarios, el empleo no está concebido para responder a una necesidad, sino para darle trabajo al que no lo tiene, y una vez en él, una muralla de derechos para que lo mantenga. Desde esta óptica, si llegado un día la medicina lograra la inmortalidad del ser humano, cada año debería fusilarse a unos cientos de miles para que los sepultureros conservaran sus empleos. Esta es la lógica que llevó al basurero de la historia a todos los gobiernos comunistas del mundo.
Evidentemente, se pueden mantener los puestos de trabajo de manera artificial durante un tiempo, pero a la larga herirán de muerte a las empresas. Si algo necesita una empresa para competir en este mundo globalizado es que los incrementos y reducciones de plantilla sean ágiles y flexibles. Al igual que un producto en el mercado las empresas van bien o mal, están en expansión o en reducción. Impedirle a un empresario la reducción de su plantilla en medio de una recesión es lo mismo que clavarle un cuchillo en una pierna. De la misma manera que nadie pone impedimentos para aumentar el número de puestos de trabajo, tampoco deberían existir trabas cuando de una reducción se trata. Esta falta de flexibilidad fue nuestra ruina en el pasado. ¿Entenderá Humala de lo que estamos hablando?

Parece que sí. Sin embargo, al mirar sus gestos y sus amigos da la impresión que los cánticos del pasado aún lo perturban.