Siempre será interesante preguntarse ¿quién es más feliz, el que da o el que recibe? La felicidad es imposible de cuantificar pero sí es más clara la diferencia entre las acciones de "dar" y la de "recibir".
El tiempo navideño es propicio para planteárselo dado que es la fecha en que se repite con más intensidad la palabra "regalo", lo que comúnmente se traduce en la entrega de un obsequio o presente, la transferencia de dinero o objetos, sin requerir algo a cambio.
Por extensión se puede llamar regalo a cualquier cosa que haga a la otra persona más feliz o menos triste, especialmente como un favor, incluyendo perdón, y amabilidad (aun cuando el otro no es amable, lo que reafirma que es un acto que no demanda reciprocidad).
¿Cuándo sentimos el impulso o deseo de regalar? Por lo general cuando uno "tiene" más que el otro, como expresión de amor o amistad, de gratitud. También lo hacemos por "costumbre", casi siempre durante celebraciones, los cumpleaños por ejemplo, y en los ya establecidos días de la Madre, del Padre, en las Bodas, Nacimientos, Graduaciones, etc.
Pero la Navidad es el momento por excelencia del acto de regalar, aunque a los niños se les diga, fantasiosamente, que Papá Noel es el proveedor del regalo. Nadie lo hace con malicia ni con intención de engañarles, saben que tarde o temprano sabrán que no es verdad.
Otros, no tan influenciados por el Merry Christmas norteamericano prefieren explicar que se trata de un regalo del Niño Dios, vinculando directamente el acto de regalar a la celebración cristiana del Nacimiento del Hijo de Dios.
Es que, en efecto, para los niños -y también para muchos adultos- es difícil comprender a cabalidad el concepto del regalo de Dios, que el regalo de la gracia de Dios es para que la recibamos.
Tal vez escuchar con más detenimiento la letra de un villancico que se repite todas las Navidades, "El Tamborilero", nos ayude a entender su regalo, porque el niño no tiene nada especial que darle al bebé Jesús. Podría solamente dar de él mismo su arte de tocar el tambor para el Niño Jesús.
Feliz Navidad

Yo quisiera poner a tu pies/
algún presente que te agrade Señor,/
mas Tú ya sabes que soy pobre también,/
y no poseo más que un viejo tambor./
(rom pom pom pom, rom pom pom pom)/
¡En tu honor frente al portal tocaré/
con mi tambor! /