Opinión

¿Rumbo a la desaparición?

COLUMNA: JORGE ESTEVES

11 de Enero del 2019 - 07:30 Jorge Esteves

¿Qué sucedió para que el fujimorismo dilapidara su gran caudal electoral y dinamitara su monolítica mayoría en el Congreso en solo dos años y medio? El exfutbolista argentino Jorge Valdano decía que los entrenadores de fútbol y los políticos “son las mayores víctimas de la percepción que he conocido”. Y si hablamos de percepción, la mayoría del país estima que la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, se dedicó a manejar su poder y el de su bancada atendiendo solo a sus intereses políticos, que apuntaban a las elecciones presidenciales del 2021, mirando ambiciosamente una victoria que tal vez nunca llegaría. Se subió a una nube y, llena de prepotencia tras lograr millones de votos, hizo gala de una incapacidad absoluta para el diálogo y la búsqueda de consensos.

De allí a la oposición mezquina había un paso. Entonces, la frecuente intolerancia política frente al Gobierno marcó la vida política del país, que fue el gran perdedor. Las zancadillas, las peleas y las confrontaciones fueron recurrentes entre el Ejecutivo y el Legislativo, controlado por el fujimorismo. Simplemente eran las evidencias de un problema de incompatibilidad de objetivos y de entendimiento para sacar adelante al país.

La gente al observar estas fricciones se dio cuenta de que las instituciones tutelares del Estado no ayudan a resolver sus problemas diarios. Por eso aumentó el rechazo a la clase política y principalmente a los que ostentan el poder, como el caso de Keiko Fujimori, quien en un sondeo en el 2018 fue considerada la persona más poderosa del Perú.

Todo hace suponer que en los próximos meses el fujimorismo estará más desarticulado y dividido. Hoy perdió su mayoría en el Congreso y es probable que el futuro los ponga al borde de la desaparición.

Fuerza Popular, como otros movimientos políticos nacionales, ha tenido una forma de construcción basada en personas. Cuando estas han caído en desgracia, sus partidos han ingresado a una ruta de desintegración. Sus dirigentes, congresistas, militantes y simpatizantes se unieron no por compromisos para servir al país y menos porque coincidían ideológicamente, sino por intereses personales.

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