Hoy Sábado de Gloria, vísperas de la resurrección de nuestro Señor
Jesucristo, nos preparamos para celebrar el triunfo de Dios sobre la muerte y para fortalecer nuestra fe, nuestra esperanza en un nuevo y mejor amanecer, que será mañana, Domingo de Resurrección.
Sí, un nuevo amanecer de mayor justicia social, de más generosidad, de más solidaridad, de desprendimiento, sobre todo de los que más tienen en beneficio de los que poco o nada tienen.
Y que esta Semana Santa nos permita la reflexión que anteayer habíamos reclamado, para hacer de nuestras vidas, vidas sanas y de buena fe, desechando todo lo malo, dejándolo para siempre de lado.
Pero además que nos sirva para practicar el perdón y la reconciliación.
Perdonemos a quienes nos han hecho daño y aceptemos el perdón como una forma de agradar a Dios y así sepamos rescatar nuestras virtudes y de nuestros semejantes.
Oremos en esta Semana Santa por los que no creen en Dios, para que tarde o temprano encuentren el camino que lleva hacia él.
EL PERDÓN
El perdón derriba los muros que el egoísmo levanta, cada día entre los hombres.
El perdón borra la línea que divide y separa.
El perdón acerca a los que viven distanciados.
El perdón olvida lo pasado y nos abre a compartir lo nuevo.
El perdón hace revivir al perdonado y recrea al mismo tiempo lo que perdona.
Cuando perdonas sientes la rebeldía de tus sentimientos, pero luego
experimentas la libertad de tu espíritu.
Cuando perdonas te estás perdonando a ti mismo.
Cuando perdonas el otro se siente aliviado y puede volver a sonreir.
Cuando perdonas, le estás diciendo «levántate, sal fuera y camina».
El perdón es lo mejor que sabe hacer Dios y es lo que más le agrada de los hombres.
Porque el perdón es la mejor expresión de nuestra capacidad de amar. Como el no perdonar es la mejor expresión de la dureza de nuestro corazón.
El perdón hace más bien al que perdona que al mismo perdonado.
¿Por qué nos costará tanto perdonar? ¿No será que en el fondo amamos menos de lo que decimos amar?
Que la medida de tu perdón sea la medida de tu amor. Amarás tanto cuando seas capaz de perdonar y perdonarás tanto cuanta sea tu capacidad de amar de verdad a los demás.

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