LONDRES. El término antisemita nació en Europa para designar al odio contra la principal minoría semita que habitaba dicho continente: los judíos. Este racismo produjo los pogromos y el holocausto nazi que hicieron que la mayoría de los judeo-europeos fueran exterminados o emigraran.

Hoy la Unión Europea tiene una nueva y aún mayor minoría creada por el relativo reciente flujo de millones de árabes, turcos, pakistaníes y otros musulmanes que rezan en la mayor lengua semita: el árabe. Ellos son allí las principales víctimas de la nueva xenofobia.

Hoy hay algunos judíos que apoyan a la nueva ultraderecha europea hostil a los semitas mahometanos, mientras los árabes que guerrean contra Israel no pueden ser tildados de estar en contra de su propia raza semita.

Antisemita debería ser aquel que pide la discriminación de cualquier pueblo semita; y semitismo, por el contrario, debería ser la corriente que pida la redención, defensa y hermandad de todos los pueblos semitas.

Mis abuelos me hablaban en árabe y rezaban en hebreo. La buena relación entre semitas de varios credos fue el cimiento de la actual España y duró hasta la II Guerra Mundial. El semitismo podría ser el movimiento que una a musulmanes, judíos, cristianos y ateos hacia una nueva federación del Medio Oriente donde todos convivan en paz.