Muy pocos pensaron en la posibilidad de que Alberto Fujimori pudiera abandonar el cómodo blindaje que le ofreció Japón para poder hacer frente a la justicia peruana, tal como constantemente ofreciera a sus seguidores. En el país oriental acababa de postular sin éxito a una senaduría. De repente la noticia increíble Fujimori en Chile.
Durante el proceso judicial llama la atención como Fujimori, matemático puro, no entra de pleno a sacar cuentas y en sumas y restas simples concluir en algo así como en Perú hace cualquier delincuente común y su abogado: "Si me declaro culpable y arrepentido y brindo colaboración eficaz a lo mucho me darán 10 años, cosa que en un año podría quedar en libertad, aunque inhabilitado por 10 no importa con tal de estar en la calle".
Así lo han hecho y hacen diariamente ante el poder judicial cientos de cobardes terroristas, asaltantes, asesinos y políticos también, que por lograr impunidad reniegan hasta de su madre. Harakiri, llaman algunos expertos defensores de esta facilista salida, el no haber sido planteada por la defensa de este ciudadano japonés, que alguna vez fuera premiado con la más alta aceptación de ricos y pobres como jamás gozara presidente alguno en nuestro país.
Cuando en Perú se le brindaba ese increíble respaldo popular, pocos éramos los que de alguna manera día a día señalábamos sus errores y luchábamos por el retorno a los cauces democráticos. Por ello no llama la atención como hoy los propios fujimoristas enrostran y señalan al periodismo como prensa vendida, a lo que Rosa María Palacios les recuerda que fueron ellos mismos desde el gobierno los que se encargaban de comprar a la prensa.
Hacemos memoria y vemos como la casi totalidad de medios eran copados por el oficialismo de la manera más sutil a través de la publicidad unos y otros directamente con dólares en la salita de Montesinos.
En los diarios era lo mismo y con alguna excepción todos informaban con un trapo en la boca, aunque ahora, cuando el tronco está en el suelo, quieran dárselas de paladines cuasi héroes de la lucha contra Fujimori.
Nosotros que desde la revista regional Epoca y cartas publicadas por Diario Correo señalábamos como Fujimori y su régimen corrupto chantajeaba al país con su éxito antiterrorista, y como cada vez que tenía problemas sacaba de su escritorio la cabeza de Abimael para mostrar como él si pudo terminar con el salvajismo.
Nosotros al mismo tiempo nos sacamos el sombrero ante la actitud de Fujimori que se ha portado como un hombre defendiendo su posición y no falso arrepentimiento lleno de cálculos matemáticos, algo que por estos lares es muy raro ver y que su esposa Saratomi llama Samurái. Lo del juez prevaricador el propio San Martín lo dijo "la sentencia empezó a hacerse desde el primer día".

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