Mi primer acercamiento a la literatura oral fue en la casa de mis abuelos en La Esperanza, Trujillo, cuando era niño. Las historias que escuchaba tenían, por supuesto, un fin aleccionador pero, además del mensaje, lo que más me inquietaba era sus protagonistas: seres de otro mundo que, en sus formas híbridas, salían a darle más de un susto a los imprudentes. En San Juan de Lurigancho, de adolescente, había noches sin luz que mi vecina Margarita alumbraba con sus historias de aparecidos, duendes y más seres que hacían de las suyas para dejar claro sus mensajes. Una vez más, el susto inicial se transformaba en una cercanía que, hasta hoy, mantengo con esos personajes, que no me generan extrañeza sino que, en cambio, los siento como parte de nuestra realidad. Será por eso que el realismo mágico siempre me ha parecido solo realismo. He revivido esas emociones al leer el maravilloso libro “Seres imaginarios andinos” (Lliu Yawar, 2024) del escritor Pablo Landeo Muñoz, ganador del Premio Nacional de Literatura por su novela “Aqupampa”, quien ha estudiado, con rigor académico y trabajo de campo, a estos personajes que habitan el corazón de nuestro país y que son parte de nuestra identidad, de nuestra forma de concebir el mundo. Landeo perfila a estos seres con literatura quechua oral, testimonios y la memoria del autor. En el libro, habitan el Amaru, el Ekeko, la Qarqaria, el Rucanacoto, el Kirkincho, el Supay, el Muki, los condenados, el Atuq, el Ukuku, con los matices de sus comportamientos y su carga simbólica. Landeo investigó a estos seres para su tesis de maestría, titulada “Categorías andinas para una aproximación de willakuy”, por eso el libro está estructurado en tres capítulos, donde desarrolla el corpus y su marco teórico con una escritura alejada del estilo rígido de algunos textos científicos. El narrador propone un sistema de clasificación para nuestros seres imaginarios y los enmarca en categorías, para darle un orden a este firmamento de personajes e historias, encontrando más lecturas y significados de cada uno de ellos. Así, encuentra un equilibrio entre la investigación y la oralidad, entre el estudio académico y las historias que nos contaban nuestros abuelos. En sus páginas podemos leernos y recordar que, hasta en el silencio de la ciudad, todavía podemos percibirlos de alguna forma. Este es un libro que reúne lo más profundo de nuestra tradición y su sabiduría.
SERES IMAGINARIOS ANDINOS, columna de Bryan Paredes
Columna de opinión.