Mientras otros países avanzan en reformas, desarrollan infraestructura, simplifican regulaciones y generan mejores condiciones para atraer inversiones, el Perú continúa postergando tareas pendientes que arrastra desde hace años. El último Ranking Mundial de Competitividad del IMD y Centrum PUCP es una nueva llamada de atención.
De las 70 economías evaluadas, el Perú se ubica en el puesto 60. Cuando ingresamos por primera vez al ranking, en 2008, ocupábamos el puesto 35 entre 55 países. Uno de nuestros mejores resultados se encuentra en el factor Precios, donde ocupamos el puesto 11. Ello refleja la solidez de la política monetaria y el amplio consenso en torno al control de la inflación.
Sin embargo, como ha advertido Julio Velarde, el relajamiento fiscal de los últimos años representa un riesgo para la estabilidad económica. Los mayores rezagos están donde más los necesitamos. En infraestructura ocupamos el puesto 65 y, en acceso a agua e infraestructura sanitaria, el 69. La eficiencia del Gobierno se ubica en el puesto 60, reflejando problemas de burocracia, inestabilidad política, corrupción y limitada capacidad de gestión. Lo más preocupante es que el diagnóstico es conocido.
Persisten las brechas de infraestructura, los sobrecostos logísticos, la excesiva permisología y las deficiencias de la administración pública. Nos seguimos durmiendo en los laureles de la estabilidad macroeconómica, mientras las acciones para mejorar la competitividad y la productividad siguen siendo insuficientes. Otro gran reto para el próximo gobierno será, precisamente, recuperar el tiempo perdido. Porque en la carrera por el crecimiento y el desarrollo, si no avanzamos, retrocedemos.