"7 Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. 8 Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. 9 Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; 10 porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores".
1 Timoteo 6.7-8-9-10
Cuando nacemos y cuando nos toque partir de este mundo, son las dos ocasiones en las que podemos comprobar que se llega sin nada y sin nada uno se va, y que todo lo que se obtiene es sólo para ser usado en este mundo, ya que aquí todo se queda, y nada de lo que se tiene podrá ser llevado.
Pero muchas veces creemos que vamos a ser eternos, y que todo aquello que se ha logrado conseguir será para toda la vida, para ésta y para la venidera, y nos olvidamos que lo único que es eterno es nuestra alma.
Y por considerar que si se tiene más dinero, la vida será mejor vivida, ya que con él se tendrá acceso a mayor consumo, y que el conseguirlo, sin tener en cuenta ni el cómo ni de dónde, hará que éste se convierta en el objetivo de cada día, haciéndolos creer que acumulando más bienes que muchas veces no se necesitan, se está haciendo que la vida sea más valiosa.
En muchos casos, lo que algunos logran obtener es el resultado de su esfuerzo, de su capacidad y de la habilidad para hacer riqueza, y el saber aprovechar las buenas oportunidades que la vida da, haciendo que su bendición sea también una bendición para otros.
Mientras otros, lo que tienen lo obtienen de una manera que no es producto ni proviene de una bendición, y cuanto han logrado acumular es el resultado de haber realizado acciones que sabían bien no debían de realizar, pero la ambición y la codicia los hace que traigan a sus propias vidas y a las de su familia todo aquello que no puede ser considerado una bendición.
El pensar que venimos a este mundo para convertir el dinero en el único objetivo a conseguir y acumular, sin importar el modo y la forma cómo se obtiene; es permitir que nuestra vida tenga un solo propósito y fin, y que el tenerlo se convierta en el centro de la vida, dejando de valorar todo aquello que no se compra con dinero.
Si se tienen los ojos puestos en un solo objetivo, puede que en el camino no se tenga la capacidad de discernir qué es lo que sí se debe de hacer y qué no se debe de hacer, ya que el fin justifica los medios.
Preocupémonos por que el dinero con el cual nos alimentamos, vestimos y cubrimos nuestras necesidades provenga y tenga como origen una bendición, y no dejemos que la ambición por obtenerlo lleve al hombre a su propia destrucción.

NO TE PIERDAS


