Cuando estaba en secundaria, mis amigas y yo matábamos el tiempo con un juego que consistía en escribir en un papel el nombre del chico que nos gustaba, la edad en la que nos casaríamos, dónde sería nuestra luna de miel y cuántos hijos tendríamos. La mayoría ponía 25 años como la edad tope para casarse.
De eso ya han pasado muchos años, mis amigas y yo superamos la barrera de los 25 y varias aún no nos hemos casado (muchas, incluso, vemos muy lejano ese momento). Eso no tendría nada de malo si no fuera porque ahora, en lugar de considerarnos solteras, ya se empieza a oír en voz baja la palabra "solterona".
Mi mejor amiga pensaba que el término "solterona" no existía en el diccionario, que era una invención despectiva de nuestra sociedad intolerante. Pero estaba equivocada. La RAE define como "solterona" a la persona entrada en años y que no se ha casado.
Amargadas e insatisfechas son algunos calificativos que reciben las solteras mayores de 35 años. Comentarios como "ya se te va el tren" o "qué tendrás que ningún hombre te aguanta" demuestran que la mujer que por voluntad propia le dice no al matrimonio, e incluso rechaza la posibilidad de ser madre, es socialmente estigmatizada.
En tiempos en que muchas chicas priorizan su desarrollo personal y profesional a la idea del matrimonio, el término "solterona", que suena tan despectivo, debería ser eliminado.
Una mujer soltera de 30, 40 o 50 años no debería ser vista como un bicho extraño, ni mucho menos catalogarla como alguien incompleto simplemente porque no tiene un hombre a su lado. No seamos prejuiciosos.
La soltería, señores, es una opción de vida y como tal se respeta. Como diría la letra de esa canción tan pegajosa de Tilsa Lozano: "Soy soltera y hago lo que quiero".


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