La Refinería de Talara celebró su nonagésimo aniversario y los viejos campos petroleros, más de una centuria entregándonos su riqueza. Décadas de beneficio al erario y apenas un par de ellas de canon.
Las políticas y sus laberintos, las contradicciones sociales e innombrables intereses, hicieron de ella el leitmotiv para hechos como el golpe militar de Velasco (con las consecuencias conocidas), la inmediata nacionalización de la International Petroleum Company, y los oscuros negociados en su indemnización.
¿Qué es hoy Talara? A pesar de su canon petrolero (cierto que, con limitaciones y deficiencias en su uso), una provincia con altos índices de desempleo, con un suministro de agua potable nulo, y como referente, la UNP suspendió su examen de admisión en la provincia por no alcanzar el mínimo de inscripciones requeridas y no por falta de ganas, sino, de soles.
Talara, según el INEI, exhibe buenas cifras en cuanto a sus necesidades básicas satisfechas (¿y el agua?) comparado con el resto de las provincias (cifras cuestionables que justifican malamente su desatención), y a pesar de existir proyectos como la modernización de su refinería, esto compete estrictamente y hasta que se dé, a determinado factor productivo y ciertos parámetros, reflejándose en cierto sector.
El grueso de su población depende de otros factores exógenos al petróleo. No debemos olvidar que en el fenómeno El Niño de 1983, Talara por su propia dependencia en su condición de desierto, vio colapsar sus sistemas de servicios básicos y soportó una invasión migratoria que rompió todo esquema de crecimiento, generando desde ya los problemas por los que hoy clama solución (agua y salud especialmente).
Debemos tomar en cuenta que, Talara no es como cualquier provincia pues, su principal riqueza, generadora del canon, del cual se benefician el resto de las provincias, especialmente el GR, es un recurso agotable y de suceder esto (cosa que no deseamos), simplemente será un desierto sediento, lánguido, con las secuelas propias de la explotación (aún con su refinería) y la carencia de infraestructura social, mientras las demás provincias continuarán sus vidas y sus actividades igual que siempre.
Razón suficiente para exigir también, el aporte de todas aquellas empresas asentadas en ella, que explotan y viven de su riqueza y el tratamiento justo, no sólo del Gobierno Central sino, del Regional. Incluso, sería óptimo que Talara y la región reciban lo que verdaderamente les corresponde por la explotación petrolera (y las que tontamente aún duermen como las mineras metálicas).
Terminamos expresando que no era conveniente a los intereses regionales la reelección del Presidente Regional pues, al margen de su comprobada limitación y la deficiente primera gestión, (y la rémora de buena parte de su personal), carga con limitaciones partidarias e intereses no comunes, y corruptelas muchas veces apañadas. Enorme decepción e inexplicable votación de mis paisanos talareños para una inmerecida reelección, en fin, el tiempo es inexorable.

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