Opinión

Toledo en Macondo

El prófugo Toledo se queja, desde la comodidad de la ciudad de San Francisco, de la prisión preventiva

25 de Julio del 2017 - 07:04 Iván Slocovich

Queda claro que el expresidente Alejandro Toledo nunca dejará de sorprendernos, pese a todo lo que ya hemos visto de este personaje, que nos gobernó entre 2001 y 2006. La última del chakano ha sido su carta de respaldo, desde su condición de doblemente prófugo de la justicia, a Ollanta Humala y Nadine Heredia por haber sido enviados a la cárcel de manera preventiva por el presunto delito de lavado de activos.

Imagino que, para el expresidente Humala y su esposa, el respaldo de Toledo en momentos en que tratan de salir en libertad por medio de una apelación, y en que a través de abogados y amigos periodistas intentan venderle a los peruanos la idea de que su encierro es “injusto” y “exagerado”, debe haberles caído como una patada en la cara, pues si te apoya un prófugo al que se acusa de recibir 20 millones de dólares de coima, algo tiene que estar mal.

Pero Toledo no solo es el hombre de los 20 millones que Odebrecht afirma haber dado a manera de soborno por la carretera Interoceánica, sino también quien desde inicios de 2013 ya mostraba signos de injustificada riqueza al haber comprado la casa de Las Casuarinas y la oficina de Torre Omega, mientras que de un plumazo canceló las hipotecas de sus casas de Camacho y Punta Sal. Pese a todo esto, el hombre sigue alegando “persecución política”.

En su alucinante carta de apoyo a Humala y su esposa, el prófugo Toledo se queja, desde la comodidad de la ciudad de San Francisco, de la prisión preventiva, quizá tratando de hacernos olvidar que fue durante su administración que se aplicó este tipo de arresto contra decenas de personas, algunas de las cuales luego fueron declaradas inocentes por el Poder Judicial. ¿O ya no se acuerda? ¿Por qué antes sí se podía combatir la corrupción de esta manera y hoy no?

Toledo quizá sea la persona que más tenga que agradecerle a nuestro deficiente sistema judicial, pues desde 2013, a pesar de las sospechas por el llamado caso Ecoteva, siguió gozando de libertad, al extremo de que recién a inicios de este año, cuando saltó la denuncia del pago de los 20 millones de Odebrecht, se le dictó una tardía orden de captura que no se hizo efectiva porque logró salir del país hacia Estados Unidos. ¿Y así se queja?

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