El 25 de noviembre es una fecha cívica para reflexionar sobre Tumbes. Habíamos escuchado, leído también, de las luchas y desencuentros de los tumbesinos, inclusive desde antes de la conquista, es decir de los eventos traumáticos que habían padecido en las guerras fraticidas con los de la isla Puná.
Seguramente la guerra civil entre Huáscar y Atahualpa también atravesó estos territorios, la misma reestructuración sangrienta del sistema incaico por los españoles que precisamente entraron por estas tierras que comenzó por un despoblamiento de estos lares, hasta un posterior repoblamiento en la colonia; la intervención en la independencia con destacamentos propios y su declaratoria antes que la de San Martín; la incorporación a la vida republicana y ser parte de la vida política administrativa de una nueva demarcación territorial, desde prácticamente un caserío hasta hoy departamento, pasando por múltiples y variadas dependencias. Estos hechos y eventos seguramente marcaron hitos importantes en una población que comenzó a integrarse hacia el norte con los ecuatorianos y el sur con los demás peruanos de una manera firme e inexorable.
La pregunta obligada es entonces: ¿Esa sería acaso la ruta inicial de la construcción de lo que hoy llamamos lo tumbesino?
En el siglo XIX y XX la explotación ballenera, petrolera y maderera, el intercambio comercial en la frontera, el boom langostinero, también han marcado históricamente las características de nuestro modelo económico primario productor y que se ha trasladado hoy a surcar temerariamente el sector terciario sin agregar valor dándole un contenido vacío y frágil a nuestro desarrollo.
Y siguiendo al Perú en su encrucijada dramática, se nos ha quedado en la mente como algo imborrable, la cara de la guerra declarada, cuya faz se presentó clarísima en los conflictos con el Ecuador por los años 1981, 1995. Lo mismo sucedió con el cuadro terrible de los desamparados por los fenómenos de El Niño en 1982 y 1997.
En momentos aciagos nos tocó mirar también, a los podridos que se granjearon con la pobreza de sus hermanos, a los congelados que nunca se comprometieron con sus prójimos y que miraron hacia otro lado y a los incendiarios que prendieron fuego sin iluminar quemando sueños y esperanzas. El balance histórico es negativo.
Pero ¿y cómo sobrevivió Tumbes?
Solamente con la fuerza devenida de siglos por los tumbesinos de las antiguas culturas; por el sacrificio eterno de sus trabajadores, campesinos, obreros y constructores y emprendedores; por el sacrificio tumbesinista seguido por Andrés Araujo, Alipio Rosales, Ana Ávila Maticorena, Carlos Zárate Preciado; por la sabiduría intelectual de Alfredo Vinces, Eduardo Farías, Rigoberto Meza Chunga.
Y ha de seguir Tumbes con su encrucijada, pero también con su esperanza. Tumbes, no lo olvidemos, es eterno.

NO TE PIERDAS


