Tumbes, cuántas veces Tumbes, es la ciudad elegida por la desgracia para hacer pruebas de fe. El anuncio de la municipalidad provincial, de solo barrer las calles tres veces por semana, es una de ellas. Con la alta temperatura de la zona, estoy seguro que la putrefacción de los desechos hará que los pobladores sean víctimas de las diversas enfermedades.
Esta sucia situación durará unos 20 días, mientras acomodan la administración edil tras la salida de 230 obreros de limpieza. O sea, los tumbesinos pagan sus tributos puntualmente por el servicio de limpieza y la empresa que recibe este dinero (la municipalidad) no cumple. Lamentablemente, ser ciudadano es irrenunciable.
Si lo vemos desde la otra orilla. Es decir, si un ciudadano no paga sus arbitrios por limpieza pública, tendría la municipalidad la amabilidad de decirle: bueno, deja de cancelar que acá no te vamos a cobrar por unos 20 días hasta que mejores tus finanzas. ¿Sería lo más justo, no? Pero la realidad es otra y cuando la institución no cumple, igual sigue exigiendo la plata.
Volvamos a las calles. Hay dos cosas básicas para vivir la fiesta en paz, darle seguridad y limpieza en el barrio a la población. Es por lo que se cobra, además del alumbrado público, pero las autoridades no están cumpliendo con lo uno ni lo otro. ¿Qué pueden hacer los tumbesinos? Por ahora solo exigirle al alcalde que no exponga a sus ciudadanos.
Ojalá que Tumbes florezca, que El Niño no termine de destruirla, que sus autoridades tengan en cuenta los servicios básicos de los pobladores, que las desgracias no hagan más ensayos en esta zona de frontera. ¿Alguien puede lanzar el salvavidas?



