Asumí la Dirección de la ex Escuela Normal "José Antonio Encinas" de Tumbes, el 7 de Julio de 1969, acatando la Resolución Directoral Regional de Chiclayo Nq 2760 de fecha 03 de Julio, mediante la cual se me trasladaba de la Sub-Dirección del Instituto Regional Superior de Educación de Piura a dicho Plantel.

Un movimiento estudiantil respaldado por los padres de familia había depuesto al Director y los alumnos se habían declarado en huelga indefinida.

El impacto que recibí al llegar al local de la Escuela fue muy grande. Pues sobre una gran pampa de una hectárea de terreno (ex - campo de tiro del Ejército) había un pabellón de aulas de tabique sin revestir, un ambiente igualmente de tabique revestido y en donde funcionaba: la dirección, secretaría, tesorería y la biblioteca , cuatro aulas de material noble y dos precarios servicios higiénicos para niños y adultos. Esa era la estructura que recibía. Realmente era una Escuela Superior que formaba maestros en condiciones por demás precarias y en la frontera norte del país.

Frente al reto que se me planteaba, me hice la promesa personal de cambiar totalmente esta realidad. La cumplí a cabalidad. Son testigos de excepción los alumnos y padres de familia del año 1970.

Esta pobreza franciscana fue publicada por este Diario a los pocos días de su aparición en Piura. Un equipo de jóvenes aspirantes a periodistas tomaron fotos y publicaron un titular: "En estas pésimas condiciones se forman los maestros de Tumbes". Pero no me entrevistaron ni conocían que tenía pocos días en la Dirección del Plantel.

La nota me acicateó aún más.

A fines de Agosto del 1969, estando en clase, llegó de visita el señor Ministro de Educación, General Alfredo Arrisueño Cornejo, -Ministro drástico en dictar medidas- Lo primero que preguntó fue: ¿Dónde están los alumnos revoltosos para botarlos' - Yo les respondí, como Ud. puede constatar, todos están trabajando. Su malestar ya terminó.

- ¿Y que hay de los profesores? - Igualmente, señor Ministro, todos están trabajando, no hay razón alguna para desconfiar de ellos.

- ¿Podemos ir a la Dirección para ver algunos problemas?...

- Lo que Ud. Disponga- Ya en el ambiente y sin la presencia de los alumnos, el Ministro me pregunta ¿y qué propone Ud. Director.? Me disculpará Ud. Señor Ministro, por lo que voy a sugerir: En lugar de tener dos Escuelas Normales, mal atendidas, aquí en la frontera norte de la Patria ¿por qué no se tiene una sola Escuela, medianamente atendida?.. (La Escuela Normal de Mujeres, funcionaba en una casa alquilada, con muchas necesidades) Dr. Rodríguez: ¡Esa es una solución, anótela¡ El Dr. Miguel Angel Rodríguez, cusqueño, era el Director de Educación Superior.

En Setiembre recibí una nota de la Directora de Educación Normal y Especial Dra. Martha Pajuelo, quien me informaba que mi sugerencia había sido tomada en cuenta y que ya se había dispuesto la fusión de los dos Planteles sobre la base de la Escuela Normal de Varones. Y que se me había considerado un Presupuesto de un millón de soles para la construcción de seis aulas y servicios higiénicos para hombres y mujeres y para niños y niñas.

El tiempo transcurría y el reto era mayor, tenía que recibir en el mes de Marzo del año 1970 a las alumnas de la Escuela Normal de Mujeres y a las niñas de la Escuela de Aplicación. Los servicios higiénicos eran la necesidad número uno, además de las aulas.

Con el crédito concedido por los amigos rotarios tumbesinos y desacatando normas establecidas inicié la construcción de los servicios higiénicos. En Marzo del año 1970 ya estaban al servicio de las niñas y de las alumnas de la Sección Normal. De inmediato, inicié la construcción de las seis aulas que fueron terminadas a mediados de Julio.

Su inauguración fue publicada en el Diario El Comercio de Lima.

Pese a los pronósticos negativos de la Oficina de Inspectoría de la Dirección Departamental de Educación, que no me reconocerían los gastos efectuados; después de la entrega de las aulas, recibí una llamada telefónica de la Dirección Regional de Educación de Chiclayo informándome que ya había llegado la primera parte del Presupuesto asignado a la Escuela y que debería viajar a recibirla.

Recibí trescientos mil soles. De regreso, cancelé todas las deudas viejas y dejé las más nuevas para la siguiente partida.

Y así fue. A fines de Julio ya había recibido la otra partida de 300,000 soles. A cada uno de mis acreedores les cancelé todos mis pedidos sobre materiales de construcción.

De estos hechos hay muchos testigos. Supe honrar mis deudas. Como quedaba un saldo, porque la partida fue de novecientos noventa mil descontando el 10% del libramiento; me propuse construir el pabellón administrativo.

El Ingeniero Luis Piscoya, Jefe de la Oficina de Infraestructura de la Dirección Regional de Educación, había elaborado el proyecto, pero me recomendaba que no lo hiciera porque con el saldo no iba a terminarlo. Desafié el mal pronóstico y me embarque en su construcción.

La obra se terminó. Sólo quedó pendiente su pintura y los vidrios de las puertas y ventanas de fierro. La Escuela ganó un pabellón administrativo.

Las aulas y los ambientes de tabique desaparecieron para siempre y el Plantel luce hoy una nueva cara..