Ni en la cumbre de su rica imaginación fabuladora, el escritor Mario Vargas Llosa hubiera pensado que un día su hijo Álvaro sería nombrado embajador del Perú en los Estados Unidos. Además, como si fuera la peripecia de una comedia shakesperiana, quien dispuso el nombramiento del nuevo embajador fue la hija del rival político del escritor en las elecciones generales de 1990, la presidenta Keiko Fujimori.Keiko y Álvaro son hijos de líderes políticos. Para Mario Vargas Llosa, la literatura siempre fue su principal actividad, pero también fue un escritor político. Por su parte, Alberto Fujimori tuvo a su hija Keiko como su principal colaboradora en sus polémicos años de presidente.Álvaro, demócrata liberal como su padre, estuvo muy cerca del trabajo literario y, especialmente, político del novelista, de quien heredó la riesgosa labor de la actividad política. Conoció de cerca el quehacer político en el Perú, donde el debate de ideas sirve de muy poco y lo que vale es el juego sucio y artero para alcanzar el poder.El prestigio continental de Álvaro Vargas Llosa gravitará para su desempeño representando a su país ante la primera potencia mundial, en una época turbulenta para las relaciones entre América Latina y los Estados Unidos. La influencia de China, el narcotráfico, el cambio climático, el crimen organizado, los migrantes y la estabilidad democrática son problemas actuales. Queda esperar que los dos hijos, ahora en el poder, hayan aprendido las lecciones del pasado.




