En Trujillo han lanzado una campaña de denuncia ciudadana contra las personas que atenten el ornato y las buenas costumbres. No tiene el cavernícola lema “chapa tu choro y déjalo paralítico”, pero recurre al interés de los buenos vecinos por vivir en armonía. Me parece genuino y válido, pero las autoridades también deben dar alternativas.
Digamos que siempre hubo un reglamento para sancionar este tipo de malas actitudes, pero ahora las autoridades se apoyarán en la tecnología (celulares y cámaras) y creo que nunca es tarde para hacer cumplir la norma e imitar estas tareas. ¿Por qué no hacerlo en todo el país? Veamos, corriges y recibes dinero, un buen negocio.
Sin embargo, las municipalidades deben contribuir con que si alguien está inquieto por un baño, este sepa dónde ocuparlo en privado y no en público. Baños públicos, ¿cuántos existen por ciudad? Algunos retretes portátiles, como en jurisdicciones importantes de países desarrollados, serían una buena alternativa.
Entonces, ganas dinero, evitas que ensucien la ciudad, impides un mal rato a algún peatón, te ahorras con la limpieza y encima generas empleo. No es una idea del otro mundo, pero creo que un buen plan municipal de salubridad nos evitaría soportar malos olores, magros encuentros y terribles sorpresas en pistas y veredas.
Si con esto no nos civilizamos, mejor cerramos el quiosco y nos mudamos a otro lugar. Pero, en estos casos tengo fe de un cambio, a diferencia de cuando veo a alguien arrojando la cáscara de fruta a la calle como si en la pista fueran a crecer plantitas. No es broma, ayer vi a alguien en un taxi botando a una avenida la piel de la mandarina. A ese ignorante que se cree sano por no comer grasas no podemos pedirle que elimine la basura de su cerebro. A otros, sí.
Solo espero una política de salubridad rentada. Si no hay plata en las arcas públicas, los privados se pueden encargar de hacer cumplir las normas y ofrecer caminos para acatarlas. De eso también tengo fe.



