La universidad pública fue para SL centro de adoctrinamiento y reclutamiento de militantes para ejecutar crímenes y atentados. El 12 de setiembre de 1992 cayó mansamente el siniestro mentor de la guerra popular: el presidente Gonzalo, jefe de la más demencial violencia desatada en el Perú. Hoy sobreviven dos focos: Alto Huallaga con Artemio, a quien la PNP le pisa los talones, y el VRAE con José, convertido en protector del narcotráfico. Surge el SL electorero, con fe en la democracia institucional. ¿Mea culpa, reconciliación o un paso atrás para dar dos adelante?
La marcha senderista en San Marcos y las pintas subversivas en la UNHEVAL son manifestaciones de un PCP-SL que quiere insertarse con uñas y dientes a la vida política legal, que odiaban, ridiculizaban y detestaban con rabia y espuma. ¿Acaso no "visionaban" que el viejo Estado debía ser reemplazado por la República de Nueva Democracia? Ahora los "secuaces de Abimael" piden la liberación de presos políticos y amnistía para Abimael Guzmán y la cúpula senderista. La sentencia tiene que cumplirse para bien del país; y los que cumplan su condena tendrán que abandonar la cárcel. ¿Alguna negociación política daría amnistía a terroristas? Si SL quiere competir en elecciones democráticas que lo haga. El pueblo sabrá darle una sanción moral, a quienes destruyeron bienes, vidas y oportunidades. Los partidos políticos, a pesar de sus torpezas, constituyen la base de la democracia y la libertad de pensamiento.
Los peruanos a veces tenemos fragilidad de memoria colectiva. ¿No debemos olvidar fácilmente el asesinato de estudiantes y docentes en la UNHEVAL? ¿Quién nos resarce los años de angustia provocados por atentados, cochebombas y apagones? Un pueblo amnésico está condenado a repetir sus tragedias, incluso con mayor virulencia. En la escuela y familia se debe enseñar que el Perú de hoy, con crecimiento macroeconómico y brechas sociales, es superior a la de los años 80 y 90.
Construir una nación democrática y pacífica implica respetar la vida, la propiedad y las ideas. El fanatismo político, de cualquier posición, niega la pluralidad, la coexistencia, la tolerancia y posibilidades de bienestar. La universidad, máxima instancia de la educación superior. Su deber es investigar, producir conocimiento y no solo formar profesionales. Es lamentable constatar que en la universidad aún persisten absurdas pugnas por el poder político, la corrupción sistemática, la mediocridad académica. Si bien hay modernización con tecnologías, pero no es suficiente, también tiene que haber modernización del pensamiento, las actitudes, estilo de gobierno y visión institucional. Los estudiantes de San Marcos han protestado contra SL. ¿Y los de la UNHEVAL? La batalla ideológica ha comenzado.

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