No es casualidad que la popular revista de mujeres se llame “Vanidades” y que en ella los contenidos estén relacionados con la vida de los ricos y famosos, aquellos que pueden comprarse lapiceros de oro, piezas exclusivas de encajes, vestidos de diseñadores internacionales.
Grandes y fastuosas residencias, fiestas y mucha presencia en los medios de la farándula y de los poderosos. Por eso se llama “Vanidades” porque además de ser expresión de la arrogancia, a la vez la palabra responde a lo vano, a lo vacío, a lo que en realidad parece pero no lo vale.
Siendo la vanidad expresión de la arrogancia y soberbia, a la superioridad de quien así se manifiesta, en realidad responde a un sentimiento de inferioridad. Por eso es que suele causar víctimas entre quienes procediendo de un entorno de escasez y modestia, de un momento a otro se encuentran entre la abundancia y pretenden presumir.
El vanidoso no es superior a otro, pero lo desea con una fuerza tal que el impulso lo lleva a perder la perspectiva de la realidad y a poner en peligro otros valores humanos prefiriendo aquellos que, sin embargo, son caducos.
En la política no es ninguna novedad que los fracasos estén acompañados de algunos de los componentes de la pereza, la envidia, la ira, la lujuria, la gula, la avaricia y la vanidad.
No todos los seres humanos, tampoco la esposa del presidente, Nadine Heredia, están en condiciones de detentar algún tipo de poder y poder librarse de algunos de estos vicios, no existe vacuna contra la vanidad.



