Este domingo 14 se realizarán las elecciones en Venezuela, en una de las campañas más cortas de la historia de ese país, luego del fallecimiento del presidente Hugo Chávez Frías.
El presidente encargado de Venezuela, Nicolás Maduro y el candidato de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Henrique Capriles, tuvieron un mes, aproximadamente, para convencer a la población sobre cuál era la persona que debería dirigir el futuro del país llanero. Maduro, en una posición más ventajosa y a la vez complicada, tiene que enfrentarse al legado que dejó su mentor. En las últimas semanas pudimos ser testigos de risibles declaraciones del presidente encargado. Chávez se le habría aparecido a Maduro como un"pajarito chiquitico", es decir el "espíritu santo", que lo bendijo para arrancar la campaña electoral. Con esta artimañas sensibleras buscaba llegar al público ingenuo y convencerlo de que el proyecto bolivariano sigue en marcha con la venia desde el más allá del santo presidente.
Capriles, un tanto cauto, y con la desventaja de no tener mucho tiempo en los medios estatales- según The Washington Post a sus representantes se les ha negado el acceso al centro de escrutinio de votos en la noche de la elección- se planteó atacar con todas su armas a Maduro y se dejó contagiar del populismo comprometiéndose a subir en un 40% el salario de todos los empleados públicos dependientes del Ejecutivo. El abogado de 40 años, gobernador de Miranda, volcó todas sus fuerzas en desligar la figura del fallecido líder chavista con la de Maduro. El candidato del MUD perdió con 44% de los votos frente a 55% de Chávez en las últimas elecciones. Aún es joven y no cabe duda que si pierde, tendrá una nueva oportunidad en la siguiente elección, dado que Venezuela está al borde del colapso y Maduro, no daría la talla para afrontar esos problemas.
La producción venezolana está en picada, no hay insumos, hay escasez. En las góndolas de los supermercados no hay artículos de limpieza, falta el jabón y el papel higiénico. La inflación llegó al 20% en 2012, y el barril de crudo, que sustentó el populismo de Hugo Chávez, está estancado en 100 dólares. Esto sumado al incremento de la delincuencia son factores que pueden llevar a la ingobernabilidad.
Con este panorama, 19 millones de venezolanos están llamados a votar y decidir si quieren dar un paso al abismo, o elegir una reforma incierta.
Finalmente, en un hecho que colinda con la estupidez, el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Venezuela estaría estudiando la posibilidad del voto en los menores de edad, de 0 a 18 años. Esta "idea", no tiene vigencia en ninguna parte del planeta. El pretexto sería fortalecer a la familia y ayudaría al chavismo- la mayor prole proviene de las clases populares- a extender la estirpe de seguidores de este siniestro Gobierno.


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