El 18 de febrero se cumplió un año de que Leopoldo López lleva preso en Ramo Verde, en las afueras de Caracas. Ayer, el líder opositor vistió de blanco, tal como el día en que fue detenido por las fuerzas coactivas del régimen de Nicolás Maduro. Su esposa, Lilian Tintori, que pronto vendrá al Perú, siempre activa, ha pedido que la gente embandere sus casas de blanco. La consigna es sembrar en todo el país la idea de paz, un valor que Maduro ha ultrajado. Pero lo concreto es que López sigue preso y eso es muy lamentable. Su injusta privación de la libertad tan solo por expresar su pensamiento, es el ejemplo más visible de la flagrante violación de derechos humanos en el país. En América Latina, las dictaduras y las autocracias en el pasado cometieron el error de mantener presos a sus mayores opositores o hicieron cualquier cosa para que no salgan del país y vaya que les fue muy mal. En el Perú, Odría no otorgó el salvoconducto para que Haya de La Torre deje el país y el líder aprista permaneció en la Embajada de Colombia cinco largos años. Durante todo ese tiempo la política peruana giró en torno de Víctor Raúl y el gobierno militar no pudo concentrarse en las cuestiones de fondo del país. Cuando volvió la democracia con Manuel Prado, Haya fue fortalecido políticamente por la Convivencia. Fujimori aprendió de esa lección y sin pensarlo dos veces, dejó ir a García hacia Colombia al día siguiente del autogolpe del 5 de abril de 1992. Pero Maduro es muy terco, pero sobre todo insensato. La mayoría de venezolanos pide que López sea liberado y por no hacerlo el régimen está que se hunde. También, vestidos de blanco desde toda América, gritemos juntos ¡Leopoldo López, libertad!

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