Opinión

Verano atípico, pero recurrente

​Este verano atípico es recurrente. Los buenos meteorólogos norteños en el año 2008 lo identificaron y en forma culinaria podríamos decir que se han incluido unos ingredientes más a nuestro verano normal

11 de Febrero del 2017 - 10:34 Julio Villafuerte Osambela

Este verano atípico es recurrente. Los buenos meteorólogos norteños en el año 2008 lo identificaron y en forma culinaria podríamos decir que se han incluido unos ingredientes más a nuestro verano normal. Lo que pasa no lo considero un fenómeno El Niño por muchas razones científicas (que me disculpe el Enfen).

Este atípico verano se debe a tres condimentos: (1) el calentamiento de la superficie del mar en la costa, (2) mayor humedad de la Amazonía y (3) flujos cálidos del norte. Esto hace que las lluvias que deben producirse en las partes altas de los andes, margen occidental (hacia la costa), se adelanten en posición y generen precipitaciones en las partes medias de las cuencas costeras, cambiando el comportamiento hídrico. Entonces tenemos dos preocupaciones: (1) la activación de ríos y quebradas secas, formando huaicos e inundaciones y (2) la reducción de agua en los reservorios para las fechas de escasez.

Lo bueno es que el mar se está enfriando y ojalá continúe. Pero ojo, la tierra ya está húmeda. Entonces los huaicos continuarán en zonas más altas, y volveremos a la estación normal de lluvias, con lo que esperemos que los reservorios se llenen.

El término fenómeno El Niño está excesivamente manoseado y es urgente una nueva categorización y denominación primero en nuestro país, con información propia, para luego presentarla a nivel internacional, a fin de llegar a un consenso mundial. Nuestra base deben ser los eventos más fuertes de los que tenemos información sólida, que fueron los de 1982 y 1997. 

Los demás eventos que ocurren recurrentemente deben ser catalogados como calentamientos o enfriamientos. La habilidad de los meteorólogos y otros estudiosos de la tierra está en advertir los eventos con la debida anticipación y darles una adecuada denominación en lugar de decir de frente que viene El Niño, y luego esperar cualquier fenómeno menor y recurrente para decir que se cumplieron nuestros pronósticos. 

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