Teniendo como fuente un trabajo periodístico de la revista Caretas (Nº 1986 en sus páginas del 36 al 40) nos llamó mucho la atención las cifras y efectos plasmados a nivel socio económico en claro y real reflejo de la actual situación del Valle del Río Apurímac Ene (VRAE) que para muchos entendidos, es una bomba de tiempo que de no desactivarla podría tener explosiones sistemáticas que convulsionarían innegablemente dicha zona.
Pero vamos con algunos datos...los cultivadores más pobres son los más dependientes de la coca. El 47 % tiene entre una y tres hectáreas. Allí la coca ocupa el 60% de área cultivada. En los últimos ocho años, las hectáreas de coca en el VRAE han sido duplicadas. Ahora con casi 16 mil. La infestación de la hoja de coca debería, según el discurso de los dirigentes cocaleros, ser inversamente proporcional a la curva de pobreza.
Pero hay aún datos mucho más preocupantes; en el VRAE hay una pobreza del 54,2%, mientras que la pobreza extrema llega a un 44,84%, el 80% de las viviendas no tienen agua potabilizada, solo utilizan el agua entubada; el 77% de las viviendas no tiene alumbrado eléctrico, el 75% de las muertes maternas pudo ser evitadas, el 67% de las viviendas tiene piso de tierra, el 60% de la población tiene ingresos mensuales menores a S/.450 soles; el 51% de la población tiene desnutrición crónica, el 46% de las instituciones educativas no cuentan con mobiliario adecuado, el 30% de su población es analfabeta.
Resulta hasta irónico saber de estas cifras en un lugar donde existen poderosos carteles de la droga, en un lugar donde millones de dólares se enfrentan a situaciones de pobreza y miseria alarmantes como consigna el trabajo periodístico en mención. En un lugar donde aún se movilizan remanentes de grupos subversivos haciendo el juego de caza entre el gato y el ratón al Estado peruano por cosa de algunos años...en un lugar donde se han dado miles y miles de dólares para evitar la multiplicación de las plantaciones de coca y paradójicamente han sido también miles y miles de dólares los que se han ido en pagar sueldos y viáticos a incontables funcionarios.
Justamente, el trabajo periodístico señalado también identifica a Yanajanca como el "Vizcatán del Huallaga" en la margen izquierda del Huallaga que se ha convertido actualmente en un campo de terror y muerte, un lugar, aseguran los especialistas; donde los remanentes de la subversión se han convertido en una firma más de narcotraficantes que proveen cocaína a algún cártel internacional. Al respecto el saliente embajador norteamericano James Curtis señaló que ahora en dicha zona se pueden dar emboscadas casi semanalmente y esto podría acarrear una especie de efecto multiplicador en zonas aledañas con el VRAE ante la suma de pobreza, necesidad y oportunidades inmersas en la ilegalidad de la coca más el efecto de la violencia subversiva.

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