Opinión

¿Y los demás?

Columna: IVÁN SLOCOVICH

05 de Diciembre del 2017 - 07:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

El Poder Judicial ha dictado prisión preventiva por 18 meses contra los directivos de tres constructoras locales que se asociaron con Odebrecht para aplicar, según el Ministerio Público, la “política” de sobornar a quien haya que hacerlo a fin de ganar las licitaciones y obtener jugosas ganancias, para lo cual no dudaron en hacer una infame “chancha”, con la que compraron nada menos que a un presidente de la República en ejercicio como el prófugo Alejandro Toledo.

Con el corruptor Jorge Barata acogido a la colaboración eficaz para delatar a todos sus cómplices y los peruanos Alejandro Graña Miró Quesada, Alejandro Graña Acuña, Fernando Camet Piccone, José Castillo Dibós y Gonzalo Ferraro Rey con orden de arresto, falta concretar la detención del corrompido Toledo -prófugo de la justicia desde hace casi un año- para cerrar, en primera instancia, el círculo del pago de la coima de 20 millones de dólares por la Interoceánica.

Y señalo que se ha cerrado el círculo solo “en primera instancia”, porque debemos tener en cuenta que por más poderoso que sea un presidente, es imposible, sí, imposible que por sí solo haya dispuesto que la Interoceánica sea dada en concesión al consorcio que previamente le había dado su “propina”. Tiene que haber más gente metida, desde exministros, exviceministros y exfuncionarios, hasta miembros de ProInversión y otras entidades públicas.

Sería ingenuo pensar que los corruptores dieron plata a Toledo y que este con una sola llamada telefónica o una orden directa dispuso que la buena pro la gane Odebrecht y compañía. Acá hay dos posibilidades: o los mandos medios fueron unos ineptos y pusilánimes para dejarse mandar y acatar una orden ilegal en lugar de renunciar dignamente; o también recibieron dinero para no objetar la disposición dada por el mandatario previamente aceitado.

El arresto dispuesto contra Toledo y los empresarios solo debe ser la primera etapa de la cacería contra todos los que en este caso, y otros, han delinquido, sea quien sea, caiga quien caiga. No puede haber más esa sensación de impunidad que hace sombra a los peruanos desde que hace un año Odebrecht admitió que abrió la billetera sucia para sobornar en el Perú a quien haya hecho falta a fin de ganar millonarias licitaciones.

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