Abuelitos son abandonados
Abuelitos son abandonados

JHOVANA MENDOZA
CORREO
La Navidad, que es sinónimo de unión familiar, donde los seres queridos dan muestras de afecto y gratitud, no es igual para un grupo importante de la sociedad, esta fecha sólo es uno de esos días de nostalgia, tristeza y amargura.

"Cuando nuestros seres queridos nos olvidan y nos dejan a nuestra suerte, a una edad avanzada, cuando ya no tenemos fuerzas para trabajar, solo buscamos que el todopoderoso nos recoja para acabar con tanto sufrimiento".

Es el crudo testimonio de Anatolia Rodríguez, una anciana sumida en la pobreza que ahora sentada en la esquina del jirón 28 de Julio y Carlos F. Vivanco, espera la caridad de la gente que realiza las compras navideñas.

Doña Anatolia, quien vive en el barrio de Belén, tiene los ojos rojos y uno de ellos no ve nada a causa de la mala intervención que le realizó un oculista en una posta que no recuerda el nombre, aún así, una o dos veces por semana y con la ayuda de niños desconocidos, logra bajar.

"Mis hijos se olvidaron de mí, no sé dónde estarán y el único que me mantenía se murió, por eso estoy esperando el llamado del Señor para irme con mi hijo, solo él me quería", cuenta Antonia muy acongojada y con lágrimas en los ojos.

Con el sencillo que logra reunir compra azúcar, arroz y fideos para cocinar en su humilde vivienda, que por fortuna no se derrumbó durante el último aluvión que azotó Huamanga.

MADRE. Doña Teodosia Marquina, tiene más fuerzas, ella cocina y cuando se acaban sus alimentos tiene que bajar al centro de la ciudad a pedir ayuda levantando la mano para que alguien de buen corazón le regale unos centavos.