Andar "fashion" sale económico en el baratillo
Andar "fashion" sale económico en el baratillo

Todos los sábados, desde tempranas horas de la mañana, con los primeros rayos del sol que tocan el ombligo del mundo, muchos hombres y mujeres descargan sus atados de ropa americana, entre otras cosas, en los alrededores del barrio de Belempampa, en el distrito de Santiago, para dar vida a uno de los mercados negros más grandes de la región Cusco: "El Baratillo", antiguamente ubicado en el corazón de la ciudad, nada más y nada menos que en la plaza San Francisco, donde a diferencia de ahora no se podía encontrar la buena y barata ropa de importación conocida simplemente como "ropa americana".
Quizá para muchos sea un arma de doble fijo donde puedes hacer el negocio de tu vida o sufrir la estafa de la misma, pues la tan conocida feria resulta rentable y muy económica solo para los conocedores ya que los incautos e ingenuos compradores pueden ser víctima de estafa o robo.
El baratillo, fue, es y tal vez seguirá siendo por mucho tiempo más, un mercado de chucherías y productos de contrabando, libre de impuestos, de reglas y de vigilancia de los efectivos de seguridad ciudadana o de los efectivos de la Policía Nacional del Perú, donde todo se vende y todo se compra.
Con solo 50 soles muchos pueden comprar accesorios y artículos de vestir que en una tienda normal costaría el doble o el triple, como por ejemplo zapatillas de dudosa procedencia pero de marcas prestigiosas, o pantalones, polos, poleras, etc.
Mucha gente llega al lugar sin siquiera saber que comprar, dan vueltas y vueltas observando todo lo que hay a su alrededor para ver si se les ocurre algo que comprar o si recuerdan algo que necesitan y solo lo pueden encontrar en la feria sabatina; por un lado están las medias y chompas de lana elaboradas por las mismas vendedoras; por otro lado, está la ropa americana que es traída a nuestro país ilícitamente; al frente están libros y libritos, más abajo vemos unos clavos oxidados y tuercas que pueden resultar útiles para alguien.
De lo que no hay duda es que la ilícita feria se convirtió en una forma de vida para muchos desempleados y subempleados que buscan ganarse algunos centavos, de forma legal, vendiendo comida o productos que ellos mismos fabrican, o ilegalmente comercializando cosas robadas como celulares o artefactos que puede ser buenos o simplemente pésimos.
Según declaraciones del gobernador de Santiago, esta feria es una de las pocas que dinamiza la economía de miles de hogares santiaguinos semana a semana.