Augusto Higa Oshiro: “Nuestra transculturación fue compleja y xenofóbica”
Augusto Higa Oshiro: “Nuestra transculturación fue compleja y xenofóbica”

Ocho años después del lanzamiento de La iluminación de Katzuo Nakamatsu, Augusto Higa Oshiro (Lima, 1946) presenta una reedición de la misma novela, a la cual ha incorporado precisiones sobre palabras en japonés y que contiene un dossier fotográfico de su creación literaria.

El escritor de raíces japonesas relata en esta obra los avatares de un nisei radicado en Perú debido a su personalidad dual -no se siente ni peruano ni japonés- y sus conflictos sicológicos y sexuales.

¿Cuándo resuelve un descendiente de japonés esa dualidad? 

Son las circunstancias históricas las que resuelven el problema. En los años 50 y 60, el Perú era costa, sierra y selva, no existían problemas de pluriculturalidad y multiculturalidad. Esos son conceptos que han venido en los 60 y 70, luego en la Constitución del 93 ya se define. La propia comunidad peruana, en sus contextos más avanzados, nos considera peruanos de nacimiento, pero de ascendencia japonesa. Ya no somos tan extraños. Estamos en todos los ámbitos.

¿Qué lo empujó a escribir La iluminación de Katzuo Nakamatsu?

Desde los veinte años sabía que tenía que escribir una novela sobre japoneses, en la medida en que soy descendiente de japonés. Yo hacía experimentos, intentos, estudiaba la inmigración japonesa y nunca salía la historia, porque las circunstancias históricas no estaban dadas. Éramos muy extraños. Ahora somos una población amestizada, conozco a descendientes de japoneses que radican en Huancayo, se sienten andinos; otros, en la selva, quieren a su tierra. Yo solo reflejo a un tipo de descendiente de japonés, muy concreto, que es mi caso; ya otros narradores, como (José) Watanabe, reflejan otras realidades.

¿Usted podría contarnos cómo le afectó el nivel de xenofobia en el Perú?

Desde que se inició la inmigración japonesa empieza la xenofobia. Hay casos muy concretos; por ejemplo, se daban leyes, en las cuales una empresa tenía que contar con 80% de personal peruano y 20% de extranjeros. Después de la guerra (la Segunda Guerra Mundial), los hijos de japoneses no podían inscribirse como peruanos. O sea, nuestra adaptación, transculturación, no ha sido homogénea, sino muy compleja, con mucha xenofobia. El hecho de que hubiera japoneses en Perú significaba una especie de quinta columna. Hacia 1930, los japoneses en Lima controlaban el 10% del Comercio Exterior y eso acarreaba muchos enemigos, decían que los japoneses se llevaban la plata, eran sucios, inadaptables. Cuando yo tenía dieciséis años, en el 62, la revista Caretas descubre un mundo de descendientes de japoneses y que potencialmente eran una colonia fuerte. De pronto, llegan cartas a la redacción diciendo que los nisei son inadaptables, que lo mejor era regresarlos a Japón; por otro lado, para el gobierno japonés, nosotros somos peruanos. La novela refleja esa dualidad.

Por eso afirma en su ensayo “Japón no da dos oportunidades” que se siente extraño en ese país... 

Sí. En Japón las puertas están cerradas para los extranjeros, es una sociedad tradicional, medieval, conservadora. He trabajado para una empresa allá, pero cualquier cosa que ocurriera con nosotros, el responsable era el jefe de trabajo, no la empresa. Es un entrampamiento. He conocido casos de peruanos que trabajaron en Japón 20 años, pero no tienen jubilación. Cada vez que pasábamos por la calle, nos decían: “Peligro, peligro, son delincuentes”. Tengo pinta de japonés y todo lo demás, pero para ellos soy un extranjero.

¿Cómo va su trabajo de investigación sobre Julio Ramón Ribeyro? 

Estaba trabajando en Ribeyro, pero tengo problemas de salud, he tenido que suspenderlo.

¿Qué problema tiene? Si se puede saber...

Es un problema complicado, siento un dolor a la altura del estómago desde hace dos años. Pensé que era un problema del estómago, me han hecho una serie de análisis, no se sabe. Estoy acudiendo al hospital Arzobispo Loayza.

DATO

Augusto Higa Oshiro

Escritor. Estudió Literatura en UNMSM. Es autor de los libros de cuentos Que te coma el tigre (1977), Okinawa existe (2013), Todos los cuentos (2014), entre otros.