Parece ya haberse aceptado el cambio de la segunda estrofa del himno nacional del Perú. No sé cuando ocurrió; creo que fue el año pasado (2010). Lo cierto es que ya en todas las instituciones castrenses y semicastrenses se canta. En los colegios noto que los profesores en general han memorizado ya la segunda estrofa. Los jóvenes y niños suelen quedarse en silencio: se acostumbraron al "Largo tiempo el peruano oprimido..."
No es que me parezca tan feliz seguir recordando las miserias de la Conquista y Virreynato, pero sí hay que reconocer el canto épico a la libertad que hay en esa estrofa. Los hispanistas nos dirán que es una exageración; yo no lo creo: la conquista española fue un atropello a los pueblos de América. Pero no es ese el punto que quiero discutir ahora. Me interesa el himno.
En su cima los Andes sostengan
La bandera o pendón bicolor.
Lo primero que hay que decir compete a lo meramente literario: "la bandera o pendón bicolor" es un verso desafortunado; más aún es de una huachafería sin nombre. Aparte de las sugerencias que nuestros amigos sicoanalistas puedan sacar de la mera palabra "pendón". Pero "bandera o pendón" no hacen sino recordarnos a lo que nos hacía reír de chicos: "hito o mojón".
Pero esto es sólo de mal gusto. Lo más grave es que el himno concluye ahora hablando del Dios de Jacob. Esto ya no es meramente literario sino conceptual. Muchos peruanos le tenemos hasta antipatía a este Dios de Jacob. Luego no es democrático y no incluye a todos los peruanos. No todos aceptamos que la salvación venga por los judíos; no todos aceptamos que el mejor invento judío haya sido Dios; algunos creemos que el mejor invento judío ha sido el riego por goteo. En cuanto a Dios, la Biblia es sólo una de las fuentes tradicionales, de muy dudosa calidad.
También habría que decir algo acerca de la bandera nacional: "rojo por la sangre de nuestros héroes". Yo quisiera pedirle a los peruanos que no sigan diciendo eso. Una bandera con sangre es perversa –de nuevo pregúnteles a los sicoanalistas. Sé que nadie me va a hacer caso, pero yo volvería a la de San Martín, más alegre y colorida, inspirada en un ave y un sueño de opio. Reconozco que la blanquirroja es mi bandera, la bandera de mi patria y me emociona encontrarla, pero no me digan que es roja por sangre. La del Canadá es igual, pero el rojo es por los maples que ponen así el paisaje en el otoño.
Y ya para terminar este artículo que me ganará rabias y vergüenzas: ¿qué hace esa cornucopia vomitando monedas de oro en el escudo nacional?
Pequeñas vergüenzas y huachaferías que tenemos los peruanos. Nos podemos consolar sabiendo que Chile tiene una peor; en su escudo reza: "por la razón o la fuerza", lema que debieran cambiar.

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