Alguna vez, Sudamérica, África, Oceanía y la Antártida formaron un supercontinente llamado Gondwana, habitado por algunos de los reptiles más feroces del planeta. En la carretera de penetración a Antamina, en el Callejón de Conchucos, pueden verse claramente sus huellas, como si acabaran de pasar por ahí.
Cuando la minera construía la vía hacia sus instalaciones, a fines de los 90, aparecieron los primeros restos. Luego, producto de la erosión del agua, se desprendieron capas de roca de una pared de piedra y dejaron ver las huellas en alto relieve de un terópodo, un feroz dinosaurio carnívoro, antepasado de las aves."En realidad lo que se ve es la planta del dinosaurio. Lo más probable es que las pisadas se hayan llenado de barro, que luego se fosilizó. Por eso las vemos en alto relieve", aclara Carlos Vildoso, paleontólogo encargado de los trabajos en la zona.
Cacería en la playa. Otra pared de roca, a la altura del km 80 de la misma carretera, muestra huellas de un dinosaurio herbívoro: el ornitópodo ("patas de ave", en latín). Sus tres dedos y sus plantas redondeadas se aprecian con claridad. Pero Vildoso advierte que le siguen las garras de un terópodo. Por la distancia entre las pisadas y su alineación, se trata de una persecución a velocidad, en la que el indefenso ornitópodo huía de su cruel depredador.
Todo eso ocurrió hace 120 millones de años cuando lo que ahora es una pared vertical en una montaña a 4,500 metros de altitud, era un terreno horizontal cercano al mar. Así lo prueban los fósiles de conchas y amonites presentes en la roca."Hace unos 30 millones de años la placa de Nasca y la placa Sudamericana chocaron provocando que el terreno se eleve y se formen los Andes. Así, lo que era un terreno horizontal, terminó vertical, y lo que estaba a nivel del mar, se volvió montañas", explica Vildoso.
Y subiendo a los 5,000 m.s.n.m. y por un camino que lleva al nevado Pastoruri, el científico nos enseña otra pared plagada de huellas. El único problema es que es una zona de granizo y nevadas. Las bolitas de hielo caen con fuerza, golpeándonos la cara con el viento helado. Definitivamente, ya no es lugar para seres de sangre fría.
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Callejón de Conchucos en Ancash albergaba dinosaurios
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