Una de las primeras visitas que realizan los turistas al llegar a una ciudad es a su templo o catedral. Por eso las autoridades se preocupan en tenerla de la mejor manera, presentable en su arquitectura, limpia y abierta a mostrar sus obras de arte. Sin embargo, en Huancayo, la catedral hoy es un símbolo del descuido y de la falta de responsabilidad de las autoridades, incluyendo de la misma Iglesia. Como la vemos, puede ser todo, menos un templo digno, empezando desde su atrio, las torres y yendo un poco más, la cúpula.
Recientemente, el padre Belealdo Vílchez Zárate, párroco de El Sagrario-Catedral, también canciller del Arzobispado, informó que el primer templo de Huancayo se encuentra en situación de emergencia. Hace dos años, Defensa Civil la declaró en alto riesgo. Quiere decir que la cúpula está en peligro, no de caerse totalmente, pero sí de irse desmoronando poco a poco, como se aprecia ahora.
La catedral fue construida entre los años 1799 y 1831, en terrenos donados por los hermanos Mariano Martínez. Abrió sus puertas a los fieles, todavía inconclusa, en el año 1813. Las piedras fueron traídas de las canteras de Ocopilla y fueron labradas en la Plaza de la Constitución. En un principio con una sola torre, por eso le decían: "Cuto torre".
Su estructura es simple como correspondía a un pueblo de indios, sin embargo, hoy es un Monumento Arquitectónico Histórico-Artístico de la Nación declarado por el Instituto Nacional de Cultura, según Resolución RD No. 003-INC-SRJ-91 del 24 de diciembre del año 1991. Quiere decir que el templo no sólo es de los curas, sino de todo el pueblo, le pertenece a los huancaínos y el Perú.

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