Allá por los años 50 el prestigioso colegio militar Leoncio Prado dispuso de cuatro cupos por cada departamento del país, para el ingreso a partir del tercero de secundaria. César Espinoza Sueldo, nacido en Concepción, es uno de ellos.
Por entonces y con las mejores notas en la Gran Unidad Escolar Santa Isabel, hace realidad, por mérito propio, su sueño de estudiar en Lima y seguir la carrera militar, donde conoce a Mario Vargas Llosa.
¿Cómo conociste a Vargas Llosa?
Como un compañero de aula en el colegio Militar. Mario era conocido porque nos escribía cartas y mediante mensajeros secretos, hacíamos llegar a las enamoradas o nosotros mismos las entregábamos los fines de semana que salíamos. Estábamos en tercero de secundaria y era un tanto difícil entender que Mario, chico normal y corriente, llevaba en la sangre y en el cerebro el espíritu de escritor, que, una vez egresado, cobraría prestigio nacional e internacional con su novela “La Ciudad y los Perros”.
¿Confiabas que algún día llegaría a ser premio Nobel?
Para mí, leer cada una de sus páginas era como volver a las aulas leonciopradinas. En mi biblioteca tengo todas sus obras y al terminar, por ejemplo, “La tía Julia y el escribidor” o “La fiesta del chivo,” me dije: “tiene que ser premio Nobel, y así fue” para orgullo del país, familia y amigos.
¿Tuvo otros amigos ilustres?
Sin presagiar lo que vendría con los años fui, igualmente, compañero de carpeta de Jaime Salinas Sedó, más tarde el General con graves problemas en el gobierno del expresidente Alberto Fujimori. Compartí carpeta con Luis Huarcaya, que llegó a ser atleta internacional y arquitecto del actual estadio Huancayo.
¿Cómo cambia tu vocación de militar a la educación?
El destino hace que en una de mis vacaciones regrese a Huancayo y mi papá, César Espinoza Aguado, telegrafista en las oficinas del ferrocarril Huancayo-Huancavelica, me lleva de paseo a la tierra del mercurio. Allí conozco al prestigioso empresario Alberto Benavides de la Quintana, propietario de la compañía minera Buenaventura y padre nada menos que de Roque Benavides. Fue un inesperado golpe de suerte. El magnate de la minería se me acerca, pone la mano sobre mi hombro y me dice: “el país necesita de buenos ingenieros mineros y tú tienes que ser uno de ellos”. César recuerda que estas palabras lo estimulan y cambia su inquietud militar por la ingeniería.
Aquellos años, ¿cómo era el ingreso a la universidad?
Muy difícil, sin embargo mi secundaria en el Colegio Militar me dio la oportunidad de ingresar, al primer intento, a la Escuela de Ingenieros, más tarde sería Universidad Nacional de Ingeniería. Mi madre, doña Teófila Sueldo, fue la primera en felicitarme. “Serás un exitoso profesional y hombre de bien”, me dijo cuando parecía que las universidades limeñas estaban cerradas a los provincianos.
¿Cómo nace tu inquietud por la academia preuniversitaria?
A mediados de los años 50 recibo otra lección y golpe de suerte ahora en mi vida universitaria. Me pregunto ¿por qué lo que enseñan en el colegio, salvo algunos planteles particulares y grandes unidades escolares, sirven de muy poco para ingresar a la universidad? La respuesta la encuentro en el desfase entre secundaria-universidad, y surge el proyecto de la academia Ingeniería que articula ambos niveles. Al lado de mi esposa Margarita Mendoza, hace 52 años y con sólo 28 alumnos, en mi casa de la calle Huánuco, damos inicio a lo que hoy es el prestigioso Complejo Educativo Ingeniería, que prepara alumnos para ingreso a universidades del país y extranjero.
¿Con qué otras actividades alternaste tu vida profesional?
Mi quehacer académico lo alterné con la política. Fui alcalde de Concepción en 1961-62. Tengo el honor de ser Hijo Predilecto de mi tierra natal. Como profesional joven, conocí a Jesús Véliz Lizárraga cuando proyectaba la Universidad Comunal, hoy UNCP y al dirigente comunero Elías Tácunan.
Se conoce que tuvo otros cargos más...
Fui dos veces decano del Colegio de Ingenieros. Regidor 10 años y alcalde de Huancayo, cuando no se cobraba ni un céntimo por el cargo. Mi vocación siempre fue servir a la sociedad. Además, fui docente universitario en la cátedra de Geometría Descriptiva en años iniciales de la UNCP.
Espinoza Sueldo fue alcalde de Huancayo, antes fue regidor durantes diez años y es fundador del colegio ingenieríaNació el 22 de noviembre de 1943 en la heroica ciudad de Concepción, estudió en el colegio militar Leoncio Prado y en la Escuela de Ingenieros.
Quería ser militar, pero gracias a los consejos de Alberto Benavides de la Quintana estudié ingeniería”

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