En el camerino de una discoteca de la calle Berlín seis chicos construyen sus sueños sobre zapatos taco 15. Todos quieren ser 'drag queens' y han decidido inscribirse en un concurso para lograrlo.
Se hacen llamar Rubilicius, Danus the drag, Lírica Hudson, Tinita Bells, Dark Cyrus y Tachbell, y son los primeros de cien participantes que esta noche de domingo pasarán un 'casting' en vivo sobre el escenario de Legendaris, inaugurando así el 'reality' Superdrag 2014, que ha tomado lo mejor de formatos televisivos como La voz y The X Factor para reclutar talentos en el arte del transformismo.
Así, cuenta con entrenadoras -tres famosas 'drag queens' del ambiente limeño: Lolita Vans, Tani de la Riva y Leisan Smith- que también harán las veces de jurado para elegir a ocho aprendices cada una, y adiestrarlas en el arte de la mímica, el baile y la producción de un álter ego femenino y exagerado. De ellas saldrá una 'drag' ganadora que se llevará US$1.000 dólares en efectivo y un contrato de un año como 'drag' oficial de la 'Tía Tula', una suerte de Ru Paul peruano que regenta esta discoteca de 'ambiente' desde hace cinco años, y que es también el cerebro detrás de este 'reality' que no se verá por televisión pero si 'on-line' -a través de la web gaymas.com- cuando se elija a las 24 finalistas en febrero.
SOMBRA AQUÍ Y SOMBRA ALLÁ
El menor de los concursantes de esta noche tiene 18 años. "Recién cumplidos", advierte para espantar las sospechas sobre su cara de niño y menuda figura a la que aún no ha aprendido a dibujarle curvas. Se llama Roberto, estudia administración turística hotelera e inglés, y para esta, su primera vez en escena, ha elegido un enterizo de encaje color rojo que hace juego con su pelo postizo y ondulado. Ha bautizado a su álter ego femenino como Lirica Hudson, y lleva solo tres meses con este nuevo nombre que su familia todavía ignora. "Ellos me aceptan como soy, pero me han dicho que no les gustaría verme vestido de mujer. Aunque ser 'drag' no es exactamente eso. Es más bien un arte que consiste en crear un personaje que puede ser femenino o andrógino. Creo que si gano se van a poner contentos", asegura con una voz tosca que todavía aprende a camuflar, como sus cejas y su 'masculinidad' debajo de la ropa ajustada.
Son casi la una de la madrugada. En el camerino, rodeados de espejos, otros cinco chicos que abandonaron sus verdaderos nombres en la puerta baten sus pelucas con ansiedad, ensayan poses, gestos y miradas matadoras mientras practican el equilibrio sobre sus nuevos zapatos de baile. Ninguno lleva taco 25, eso solo cuando se llega a las ligas mayores. Casi nadie ha aprendido todavía a maquillarse. Y la mayoría lleva puesto hoy su único traje. Los hay de encaje -como el de Lírica- y también de plumas, tules y lentejuelas.
La función empezará a las 3:00 a. m. y durará cuarenta minutos. Pero antes deberán desfilar por la pasarela de la discoteca. "Para que el público se vaya familiarizando con ellas", dice uno de los organizadores mientras apura a tres para que salgan. La puerta del camerino se abre y se cuela el sonido del salón. "Soy soltera y hago lo que quieroooo", corean los asistentes. Afuera no parece un lunes de madrugada, sino un viernes y de vacaciones.
"Llevo un año aquí y nunca me hicieron una entrevista. Vienen estas que no tienen ni una semana... ¡y mira!", reclama otro del 'staff' de la discoteca. Y entonces suelta una carcajada y choca las palmas con una 'compañera'. Las novatas bajan la cabeza y se aglutinan en una esquina de la habitación ensayando cierta indiferencia. De pronto un grito aligera los nervios:
"¡Maricaaaa, no me aprietes tanto que no puedo respiraaaar!".
Es la temible Lolita Vans, quien dada su condición de 'superdrag' -justificada en su paso por Perú tiene talento y sus seis años de carrera con solo veintitrés años- se queja a pierna suelta mientras le ajustan el corsé que trata de inventarle una cintura. Su voz, hasta hace poco gruesa, ya ha tomado el tenor y la osadía de sus prendas: botas negras y un enterizo ceñido de cuero del mismo color. Cuesta creer que hace un rato entró casi en silencio, como un chico más del 'staff' que venía a curiosear sobre las postulantes.
"De hombre soy muy tímido, pero de 'drag' soy una mierda", susurra mientras se pega los aretes con silicona caliente. Y ahora, ya enfundada en su personaje, advierte: "¡Aquí nadie viene a hacer mariconadas!".
Una mariconada, en el argot de 'ambiente', es en palabras de Lolita Vans: "Ser poco profesional. En el caso de las 'drags', que se te pierda la peluca o se te rompa el taco. O creer que simplemente por echarte escarcha en la cara y ponerte lentes de contacto ya hiciste tu trabajo". Fotos: Elías Alfageme
Puedes leer la nota completa en la edición 142 de la revista Correo Semanal

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