En Sicaya existe un anciano llamado Cornelio Acevedo, tiene 78 años y sus manos fabricaron la mayoría de sombreros que hoy adornan las cabezas de los sicaínos.

Lleva más de 50 años en el oficio y gracias a la destreza que tiene para fabricar y reparar los sombreros, pudo sacar adelante, junto a su esposa Numancia Quispe (82), a sus cinco hijos y hoy en día todos son profesionales.

"No es nada fácil fabricar los sombreros, tiene su truco y es muy trabajoso, ninguno de mis hijos quiso seguir el arte y muchos aprendices se iban al segundo o tercer día, mi única ayudante fiel hasta ahora es mi esposa Numancia", recuerda Cornelio. Mientras, afirma con certeza: "La tradición muere conmigo".