De sus miles de devotos, muy pocos han visto la imagen original de la Virgencita de Cocharcas, más conocida como la "Mamacha Cocharcas" o sencillamente la "Mamita" que hace milagros y a la que todos los días del año agradecen por la vida y todo lo que tienen.

Correo asistió a su santuario el 8 último de este mes, como todos los 8 de mes instaurado desde más de dos años, para tener un encuentro directo con la sagrada imagen, en el que los fieles pueden verla de cerca, tocarla, tomarle fotos y coger con un algodón el perfume de su cuerpo para llevarlo especialmente a los enfermos.

Es que cada mes la imagen es "bañada" y cambiada de ropa, como toda persona. Es un ceremonial que empieza con la bajada de la Virgen de su altar, en medio de profunda devoción, para colocarla en una mesa en pleno centro del templo.

La ilustre dama Sonia Díaz Rivera, acompañada de otras personas, le quita con sumo cuidado los fustanes, polleras, mantos, fajas, pelucas y sombreros para dejarla en su imagen natural, una escultura de piedra de unos 25 centímetros de alto.

Se trata de una hermosa imagen que muestra a una joven entre 17 y 20 años, sobre tres ángeles, con un rostro angelical, largas trenzas que llegan más abajo de la cintura, en una actitud en movimiento, como quien camina, llevando entre sus manos pañales y a un niño en el brazo izquierdo. Ella lleva un vestido entre un verde esperanza y un celeste virginal, sobre un pedestal de madera cubierta de plata.

Aseguran que esta figura tiene más de 300 años desde que el campesino Sebastián Quimichu la trajo en peregrinación desde el sur para difundir la fe a la Virgen María, quedándose en Sapallanga. Con especial cuidado, Sonia la "baña" con agua, la cubre de finos perfumes y procede a vestirla con una nueva tenida, en un ritual con cantos y rezo del rosario que dura alrededor de dos horas, pues empieza a las 3 de la tarde y tienen que terminar antes de las 5 de la tarde para la misa que celebrará el párroco.

Los guardianes de la "Mamacha" cuentan que a veces la Virgen muestra un rostro rosado y es entonces dicen que está alegre, pero cuando la ven pálida es que está molesta por algo, de repente por lo que pasa en el pueblo.

Son entre 6 y 7 finos fustanes de princesa que le ponen, algunas con blondas, a veces una pollera hermosamente "talqueada", encima un traje típico como la vistieron de "chonguinada" últimamente, o hermosos mantos bordados con hilos dorados y de fantasía. También, con una paciencia admirable le cambian de peluca, le ponen sus joyas, entre aretes, carteras y brazaletes. El niño que lleva también es adornado totalmente.