Entre archivos viejos y libros roídos por el tiempo, los habitantes de la región Junín hemos extraviado nuestra historia, pero no nuestra identidad. Y es que relegados al olvido, en un frío almacén de Huancayo, se alberga miles de documentos importantes que reconstruyen el pasado y reavivan personajes de leyenda. Éstos nos cuentan episodios de la época colonial en la región centro, sobre compra y venta de esclavos, guerras sanguinarias, de contratos, negocios y la actividad comercial. Incluso el Brujo de los Andes, Andrés Avelino Cáceres, y el cronista Guamán Poma de Ayala, están allí, dormidos en cartas y testimonios, esperando acaso ser despertados.

Entre sus repisas, el Archivo Regional de Junín, almacena más de 11 mil libros correspondientes a registros civiles, tales como partidas de nacimiento, matrimonio y defunción, procedentes de sus 9 provincias y 123 distritos, además de centros poblados y comunidades nativas. "El archivo más antiguo data del año 1620, y contiene documentos coloniales que incluso están escritos con un tipo de letra ancestral, denominado 'encadenada", refiere el director de esta oficina, Víctor Solier Ochoa. "Aquí, un pequeño grupo de trabajadores nos encargamos de custodiar información valiosísima, el patrimonio documental de nuestra región", agrega.

De ahí el temor de Ochoa por perder este tesoro. "En la época del terrorismo, las municipalidades y muchas instituciones sufrieron una serie de atentados. Incendiaron oficinas, almacenes, etc., y se perdieron miles de documentos. No podemos correr ese riesgo nuevamente", indica. Precisamente, para preservar estos archivos, Ochoa suscribió un convenio con la Sociedad Genealógica de UTHA, una organización norteamericana que se dedica a digitalizar los registros generales de diversas partes del mundo, especialmente de los registros civiles. Y con el apoyo voluntario de dos americanos, emprendieron esta larga tarea.

DIGITALIZACIÓN. El pasado 14 de enero, los estadounidenses Douglas Ray Howe y Patricia Hee Howe, iniciaron los trabajos de digitalización de los 11 mil libros del registro civil. Cada libro tiene en promedio 500 páginas, es decir, se tiene más de 5 millones de partidas de nacimientos, actas de matrimonio y certificados de defunción. "La labor no es sencilla, y tardaremos 2 años en culminar el trabajo", señala Solier. "Por lo pronto estamos haciendo uso de equipo digitalizador de avanzada tecnología. Se trata de una cámara digital planetaria de 50 megapíxeles, con una capacidad de microfilmación de alto volumen. Esto permitirá convertir a imágenes, incluso los libros más grandes, sin la necesidad de un scanner", explica.

Además, las imágenes serán almacenadas en un servidor cuya capacidad es de 4 terabites, equivalente a la memoria de 30 computadoras, tecnología que fue donada por el programa de Apoyo al Desarrollo de Archivos Iberoamericanos (ADAI).

BENEFICIOS. "El proceso de digitalización de archivos ayudará a reducir los trámites burocráticos. Se brindará una atención más ágil y efectiva al público, y tendremos un respaldo de todos nuestros documentos. Asimismo, en unos 4 años, tenemos planeado indexar estos archivos digitales a la web. De esta manera, las personas podrán descargar sus documentos desde cualquier parte del mundo, y realizar sus trámites sin necesidad de apersonarse a la oficina", manifiesta Solier.

INVESTIGACIÓN. Otra de las bondades de digitalizar nuestra información histórica es el desarrollo de trabajos de investigación. Solier Ochoa refiere que muchos estudiosos e historiadores, de países extranjeros, llegaron a Junín para acceder a los archivos más celosamente guardados. Así han logrado publicar grandes trabajos de investigación e incluso libros que le cuentan al mundo sobre nuestra cultura, nuestras tradiciones, nuestro pasado y nuestra realidad. Aquella que por ingratitud hemos olvidado y abandonado tras los muros de un almacén de libros viejos.