El sonido agudo de la quena es lo primero que salta al oído, al girar la vista allí está el "waqui", saltando con gracias, harapiento, burlón, y la "pastora", dama elegante que danza con cadencia. La huayligía, es una danza que se practica, precisamente, después de la Navidad, en la adoración del Niño Jesús. Ricrán es uno de los distritos de la provincia de Jauja que vive esta fiesta con una entrega sin igual.
FESTEJO. La abigarrada variedad de danzas que tenemos en el valle, a veces termina por olvidar a algunas que bien podrían ser las más representativas, este es el caso de la huayligía. Una representación que tiene como único fin adorar al niño Dios y agradecerle por el nuevo año.
ORIGEN. Según manifiestan los más antiguos pobladores del lugar y de otros distritos, la danza data del siglo XVII y son dos los principales bailantes: el waqui y la pastora. Este primero viste una indumentaria muy precaria y baila haciendo sonar su "callash" (sonaja), puesto en la cabeza su "lapichuco" (sombrero viejo) y la "cullucara", una máscara de madera con diferentes formas y expresiones anímicas que hacen del waqui un gracioso personaje.
Por otro lado, la pastora o huayligía, es más elegante que el varón, pues ésta viste sensual y colorida, un sombre blanco, su "ushcata" o manta que lleva en el pecho. Además una manta con colores que forman el arco iris en la espalda, se agrega el cotón y el anaco que completan su indumentaria.
ADORACIÓN. Cuatro días dura la fiesta, desde la noche del 31 hasta los primeros días de enero. Comienza con la preparación de la chicha por la noche, luego la salida de los músicos haciendo silbar sus quenas. Al día siguiente, luego de la misa, se realiza el "ofrezo", danza y villancicos que los músicos tocan en honor al Niño.
Uno de los momentos más irónicos de la danza es el "llamajero", la herranza de las llamas en la que participan los padres de los pastores. Son dos hombres vestidos de varón y mujer, que arman la algarabía más grande.
DESPEDIDA. Hacia el final todos los danzantes se reúnen en la casa de uno de los mayordomos para cantar la despedida del año. "Cuando miro hacia Huancayo mi alma se alegra y cuando miro hacia los cerros me entristezco", dicen simulando lágrimas. Después viene el "shajteo", que es la degustación de manjares tendidos en una manta para todos los concurrentes. Esa es la expresión andina a la festividad de niño Jesús.

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