Con cerca de 6000 hectáreas, el Santuario Histórico Bosque de Pómac lo tiene todo: restos arqueológicos, bosque seco, aves, mamíferos, un interesante y moderno museo a la vuelta de la esquina, productos nativos y artesanales, largas caminatas y mucha historia y convivencia con la naturaleza.
El Santuario Histórico Bosque de Pómac ha recuperado su verdor. Luego de más de 8 años viviendo con una terrible enfermedad que le había paralizado casi el 25% de su cuerpo, en enero de este año salió de cuidados intensivos lleno de energía y vitalidad. Le costará algunos años recuperarse, pero lo peor, al parecer, ya quedó en el pasado. Los invasores han sido retirados de la zona y el bosque crece día a día.
Un zorro sechurano trota por los algarrobales sin percatarse de nuestra presencia. Trepa una pequeña loma y se pierde en la espesura del bosque, en dirección a la Huaca Loro, una de las 20 pirámides de barro que se encuentran en el santuario. "La importancia del bosque no solo se debe centrar en el tema biológico o en la riqueza de su biodiversidad por ser un área muy rica de endemismo y un ecosistema único en el mundo que solo compartimos con la costa de Ecuador, sino también porque sirvió de base para el desarrollo de alguna de las civilizaciones más importantes del antiguo Perú, como Sicán.", me comenta Vicente Cortez, jefe del Santuario Histórico Bosque de Pómac. Todo esto a 20 minutos de Chiclayo, pasando Ferreñafe y doblando en Pítipo.
Pura vida. Quizá mientras los alfareros de la cultura Sicán elaboraban los Huaco Rey, o los encargados de los metales fundían el oro con el poder de sus pulmones para luego confeccionar los Tumi o las Máscaras de Ojos Jalados, la Cotarrama los relajaba con su particular canto. Ahora, cientos de años más tarde, esta ave, que solo se puede observar en un bosque seco ecuatorial como Pómac, está en grave peligro de desaparecer. Sin embargo, en este bosque vuelan en parejas y sin temor, en busca de sus preferidos árboles de canutillo, esperando que los nuevos plantones de algarrobo y sapote que se están reforestando en la zona recuperada -cerca de 1700 hectáreas- crezcan para poder extender su territorio. La vida está retomando su camino.
Si nos trasladamos cuatro mil años atrás y caminamos por el Santuario Histórico Bosque de Pómac, podríamos observar la majestuosidad del complejo arquitectónico de las Huacas de Lucía y Chólope, sus grandes escalinatas y un templo con columnas con más de tres metros de alto pintadas de rojo y que fueron sepultadas por sus propios ocupantes. Si avanzamos una decena de años, nos deleitaríamos con el esplendor de la Huaca Soledad, construida durante la ocupación de la cultura Moche; y por supuesto, décadas más tarde, llegaríamos a ver la grandeza del recinto Sicán, todo un complejo de pirámides Lambayeque que se encuentran en el corazón del Bosque de Pómac. Con esta cultura se llega a un alto avance en cuanto a la producción de metales y al desarrollo de la edad de bronce. Esto les permitió fabricar una serie de herramientas para mejorar las técnicas de excavación de grandes obras de irrigación y la elaboración de famosas piezas de oro que están inspiradas en imágenes de sus ancestros. Años más tarde, la capital Sicán se traslada a Túcume, y poco tiempo después, será conquistada por los Chimú. Durante la época colonial y en los primeros siglos de la época republicana este bosque fue parte de una Encomienda, luego pasó a ser la Hacienda Batangrande, y más tarde, el Potrero de Pómac.
Uso sostenible del bosque
Durante años el bosque se ha podido mantener intacto. Pruebas arqueológicas demuestran que había un uso y una convivencia sostenible con el hombre. Este bosque es el que inspiró la creación de los dioses con garras y con grandes fauces, las representaciones de boas y de serpientes, todos ellos animales que vivían entre sus algarrobales, como el jaguar que se podía observar hasta la época de los ochenta, o los pumas, que se podían encontrar hasta hace algunos años con facilidad pero que aún se pueden ver con mucha suerte en Motupe, o el tigrillo, que durante algunas temporadas baja a la zona norte del Bosque de Pómac. Biodiversidad y desarrollo viviendo juntos.
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El bosque eterno
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