La expresión "chivo expiatorio" proviene de un antiguo ritual judío, por el que para limpiarse de culpas elegían un chivo al que le cargaban todas las culpas del pueblo. Este chivo era entregado al demonio, abandonado en mitad del desierto, insultado y apedreado. En el Perú, nuestros flamantes políticos y líderes de opinión han convertido al fujimorismo en el chivo expiatorio del pueblo peruano.
No hay en el país ni un solo partido político que no haya tenido algún escándalo de corrupción mientras estuvo en el poder, sin embargo todos se unen para señalar con el dedo acusador a los fujimoristas. Todos son puros y decentes a su lado. A pesar de que todos conocemos los escándalos de los hermanos Toledo, los viajes en avión presidencial a Punta Sal, los gastos de palacio en whisky etiqueta azul y en las joyas de Eliane Karp, el escándalo Almeyda, los petroaudios, el caso Cofopri, todos se defienden escupiendo a los fujimoristas.
Es así como la clase política se une hoy no para defender el Estado de Derecho frente a las amenazas de la violencia de líderes indígenas, y la falta de institucionalidad, sino para oponerse a que los fujimoristas presidan la Comisión de Fiscalización del Congreso. Keiko Fujimori recibió el 48.55% de los votos y el fujimorismo es hoy la fuerza de oposición más importante en el país con 37 congresistas electos. ¿Por qué razón sino la de ocultar sus propias corruptelas es que los otros partidos siguen tachando de corruptos, asesinos y violadores de derechos humanos a los fujimoristas? Aquellos que cometieron delitos fueron juzgados y sentenciados, muchos otros perseguidos políticamente durante varios años, y sin embargo seguimos sin saber cuál fue el resultado del Informe Kroll contratado por Toledo para investigarlos. El delito de uno no es delito de todos. De acuerdo con la Constitución Peruana toda persona es inocente hasta que se pruebe judicialmente lo contrario. Lo demás es difamación, y es también un delito.
Nuestros políticos tienen que dejar de lado la venganza como estrategia. Basta de hacer carrera política acusando, persiguiendo e inventando delitos.
El Perú necesita líderes políticos serios, preparados, honestos y responsables que estén dispuestos a cumplir su rol con ética y principios morales. Para eso han sido elegidos y no para beneficiarse los unos a los otros a expensas de los chivos expiatorios. Así como los peruanos coincidimos en que tenemos que proteger el crecimiento económico, el país requiere que la clase política madure y deje de lado venganzas y actitudes infantiles que dañan la institucionalidad y con ella el desarrollo del país. Ya lo decía Víctor Andrés Belaunde en 1914 al describir la crisis peruana como una crisis ética permanente: ¡Queremos Patria!

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